2011!!!

FELICIDADES Y NUESTROS DESEOS PARA EL 2011

Queremos saludar a todos los Compañeros del Campo Nacional y Popular junto con los cuales día tras día durante todo este año vinimos peleando por una Patria mas Justa, Digna y Soberana, unida a nuestra Latinoamérica.

Desde Patria y Pueblo deseamos que el 2011 sea un año de profundizaciones y  que encuentre a los trabajadores a la cabeza del Frente Nacional.

El 2011, como tantos años nos encontrará apoyando a Cristina desde el Socialismo de la Izquierda Nacional y también peleando....

Por la soberanía Política
Por la Independencia Económica
Por la Justicia Social
Por la Patria Grande y el Socialismo

Y en eso estamos compañeros....
Felicidades !!!

Orden para el saqueo u orden para la Liberación Nacional

ORDEN PARA EL SAQUEO U ORDEN PARA LA LIBERACIÓN NACIONAL
por Omar Zanarini




La toma de los terrenos del Parque Indoamericano fue un modo desesperado de peticionar por un derecho constitucional. Los ataques a esos peticionantes fueron un progrom antiboliviano. Ambos prueban que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con su jefe Mauricio Macri a la cabeza, quiere hacer de la Capital Federal una ciudad para pocos. Pasó de los desalojos que pretextaban cuestiones de higiene y seguridad de los propios desalojados a la eliminación xenófoba de los humildes, donde ya el otro no importa sino como enemigo.

Es una relación bélica hacia otro que permite exculpar las malas políticas de un Estado ausente: “en la medida en que el Estado funciona en la modalidad del biopoder, su función mortífera solo puede ser asegurada por el racismo”, remarcaba Michel Foucault (cuya existencia es seguramente desconocida por Macri).

Si al principio todo fue caos (en su sentido literal o en sentido figurado) y la vida es un permanente conflicto para organizar el caos,  solo la muerte puede restablecer el orden de la inmovilidad. Se puede coincidir con la afirmación de que "el orden no es ni de derecha ni de izquierda", o no. Pero la cuestión sigue siendo la de quién impone ese orden, si el campo antinacional, que ordena para garantizar el saqueo o el campo nacional, que ordena para avanzar en el proceso de liberación nacional.
Si el campo antinacional pretende ejercer el orden los resultados son invariablemente desastrosos para los sectores populares. Ya hemos visto los resultados en la experiencia histórica iniciada en 1955 y profundizada en 1966 y 1976. Y cuando el campo nacional avanza en el sentido de la liberación, allí aparecen los elementos del campo antinacional para hacer sentir que aún están allí dispuestos a desordenar para luego reordenar… a su manera.

Por eso la dialéctica orden/desorden representa un fenómeno mucho más amplio que la política de seguridad en sí.  Esta tensión nos habla de los distintos movimientos orgánicos que se dan entre el gobierno nacional, que avanza por el rumbo de la liberación nacional, y los sectores reaccionarios que aún perviven en el Estado y reniegan del avance popular sobre sus intereses. 

En tanto movimiento de coyuntura, la política de desalojo del salvaje Mauricio Macri pasa como exabrupto de un liberal que interpreta al Estado como garante de sus negocios, lo que no es poco. Pero cuando se la observa como movimiento orgánico donde el objetivo es la eliminación racial del otro, lo que se revela es otra cosa: su programa, coherente y sistemático.

Como acontecimiento aislado, la toma del Parque Indoamericano es un hecho social que muestra dialécticamente una problemática irresuelta de la sociedad colonial,  que estalla como reivindicación latente de las NBI por parte de los sectores desplazados por el neoliberalismo, ante la imposibilidad de acceder a la vivienda única. Allí vemos no solo la falta de una política habitacional por parte del gobierno de Macri, sino la propia concepción histórica de los sectores que hoy ven menguar sus intereses a medida que el gobierno nacional avanza sobre el Estado colonial.

Los sectores más desplazados por el neoliberalismo hicieron estallar allí, como reivindicación latente, la justa insatisfacción con la tardanza en decisiones que les resultan vitales. En particular una que afecta a una amplia franja, que va desde los más desposeídos hasta los sectores medio-bajos: la imposibilidad de acceder a una vivienda decente. Allí vemos no solo la falta de una política habitacional por parte del gobierno de Macri, sino la propia concepción histórica de los sectores que hoy ven menguar sus intereses a medida que el gobierno nacional avanza sobre el Estado colonial.

El pasado mes de octubre en el acto de la CGT en el estadio de River, Hugo Moyano marcó hacia dónde y cómo debe avanzar el gobierno nacional para garantizar la dignidad de los trabajadores. Semejante apoyo hacia el gobierno nacional por parte del movimiento obrero organizado, suscitó en los sectores oligárquicos el temor furibundo de la posibilidad que los trabajadores participen en el 10% de las ganancias de las empresas.

Sabemos que no es cuestión de porcentajes: lo que no quieren es que el gobierno nacional avance y consolide su base de apoyo. La oligarquía sabe lo que le hace falta al gobierno de CFK, y por esos flancos se lo ataca: precios, inseguridad y vivienda.
Pero el enemigo ataca por los aciertos más que por los errores. Como dice la presidenta, aún queda mucho por hacer, pero el rumbo emprendido va en la solución de los problemas del trabajo y las necesidades básicas alimenticias y educativas. Si hoy la problemática en agenda es la vivienda, es porque, precisamente, más allá de los nodos marginales, las necesidades de alimentación y trabajo se encuentran en cierta forma contenida, producto de las distintas políticas de gobierno y por la propia recuperación del trabajo genuino.

Retrocesos y avances del orden colonial

Estamos ante una crisis orgánica que comenzó a estallar tras el 2001. Hoy los garantes de mantener el vínculo orgánico entre estructura y superestructura colonial se están resquebrajando. Los intelectuales orgánicos a la extranjería han perdido su capacidad de generar consensos. La espiral de silencio se ha revertido y los apoyos masivos al gobierno se revelan ante cada convocatoria oficial a movilizarse en las calles e incluso en movilizaciones espontáneas no anunciadas. Los avances del gobierno nacional no solo revelan la dimensión de la crisis, sino que marcan, dialécticamente, la debilidad del imperialismo y de las clases sociales ligadas a él a la hora de continuar manteniendo la hegemonía.

Hoy observamos que ante la imposibilidad de la oligarquía de poder controlar esta crisis orgánica desde el Estado Nacional que fractura el bloque histórico, suscitan en el seno de la sociedad organizaciones como la UCEP o como el grupo de “vecinos decentes” que avanzaron sobre los compatriotas en el Parque Indoamericano.

 Si en las metrópolis la crisis orgánica se revela como la muerte de lo viejo “sin que pueda nacer lo nuevo”, en las semicolonias, como la Argentina, su relación esta en lo nuevo que emerge sobre lo viejo que resiste en morir. Y si en los países centrales el Estado siempre es  garante de los interesas de las clases dominantes, en la periferia es la única herramienta con que contamos los pobres y los trabajadores para quebrar el señorío de sectores hegemónicos.

 Por eso es importante distinguir entre el contenido nacional-popular del Estado Nacional y la impronta entreguista-reaccionaria del GCBA. Entre un Estado que tiene por política no reprimir la protesta social y otro que cobija a organizaciones “para” como fue la UCEP o los “vecinos decentes” que prohijaron el progrom. Aunque, como ya dijimos, no se trata de orden/ desorden ni de garantismo/represión, sino de una contradicción mucho más profunda y fundante: patria o colonia.

El Acceso a la Educación y el Estado de Bienestar


EL ACCESO A LA EDUCACIÓN Y EL ESTADO DE BIENESTAR
Por Jacinto Paz – Patria y Pueblo Ituzaingó

Los Estados de Europa occidental que hoy integran la Comunidad Europea de Naciones, fueron el modelo de democracias al cual aspiraban los países subdesarrollados, como el ideal a alcanzar por la industrialización que permitía el Pleno Empleo, y por las leyes protectoras de los trabajadores, de los ciudadanos y sus hijos. En síntesis: El Estado de Bienestar. 

La crisis del sistema capitalista a nivel mundial, barrió con esto. Aumentó la edad jubilatoria, los años de aportes, disminuyeron los subsidios a los desocupados y como lo expresara brutalmente el Ministro de Trabajo de España, “No es suficiente motivo ser madre para no regresar pronto al trabajo”, por lo cual redujo de 20 a 16 semanas la licencia por maternidad. 

El alto nivel de desarrollo humano alcanzado tenía como pilares la plusvalía extraída de los países del Tercer Mundo, a través del intercambio desigual entre los productos primarios exportados por los mismos, y los bienes industriales exportados por Europa hacia la periferia. 

La investigación y el conocimiento con profesionales investigadores y científicos, y el manejo de tecnología sofisticada posibilitó exportar y cobrar las patentes, licencias por la transferencia tecnológica para producir medicamentos, semillas transgénicas, máquinas o productos industriales. Esa masa de capitales les permitía a las burguesías europeas pagar buenos salarios y beneficios a sus trabajadores.

Pero tras la crisis, los déficits presupuestarios multiplicaron los recortes: en Inglaterra, la coalición de Conservadores y Liberal Demócratas del Premier David Cameron, con su Ministro de Educación Michael Gove, triplicó el costo de la matrícula anual en las universidades, ascendiendo de 3290 Libras (U$ 5300) a 9000 Libras (U$ 14.500). El salario medio es de 3400 Libras (U$ 5480). La mitad de los estudiantes no encuentra trabajo, por lo cual no podrán pagar la matrícula. Como consecuencia, multitudes de jóvenes se manifiestan en contra de estos planes. Cameron insiste con el proyecto de derecha, llamado “Big Society”, la Gran Sociedad cuyos puntos centrales son las escuelas libres. Esto consiste en entregar bonos a los padres para que elijan donde estudiarán sus hijos. La comunidad educativa, podría crear nuevas escuelas y administrarlas con el aporte de la administración pública, diseñando incluso su propia currícula, donde el Estado no tendría injerencia en los contenidos que se dicten: sólo aportaría fondos cada vez más reducidos. 

En Francia, decenas de miles de jóvenes se sumaron a las manifestaciones contra las reformas previsionales, pues prevén que con las mismas no podrán jubilarse. Según el socialista Jack Lang, Ministro de Cultura y luego de Educación entre 1981 y 2000, la escuela es víctima de una “hemorragia presupuestaria sin precedentes”, la cual dejó en la calle a 140 mil educadores desde 2002 y existe la perspectiva de nuevos ajustes de Nicolás Sarkozy y su Ministro de Educación Luc Chatel, hombre formado en institutos religiosos jesuitas. Trabajó en la industria y es licenciado en Gestión Empresaria. 

En Italia, la derecha del Primer Ministro Silvio Berlusconi y su Ministra de Educación Maria Stella Gelmini, impusieron la Reforma Educativa hace 2 años, despidiendo con ello a 130 mil trabajadores docentes y auxiliares de la escuela primaria, “ahorrando” 8000 millones de Euros del Estado. La argumentación es que hay menos alumnos en las escuelas públicas… pero los gremios del sector sostienen que hay menos italianos en las escuelas porque cada vez son más los “extranjeros” en las aulas, hijos de inmigrantes, pero en definitiva, no hay menos alumnos. “Este no es un mero recorte, sino el desmantelamiento de la escuela pública”, según afirman. En el ámbito universitario, la Reforma introduce a gerentes de empresas privadas en el Consejo de Administración de las universidades públicas y permite la apropiación del conocimiento generado en las mismas. 

Estas reformas son rechazadas por los estudiantes universitarios. 

En todos estos países, los recortes atacan al Estado de Bienestar que construyeron después de la Segunda Guerra Mundial, que dejó a Europa en ruinas. La educación representa en ese abandono de políticas igualitarias un punto trascendental, no por el presupuesto sino porque allí se disputa parte de la batalla por el diseño de la sociedad futura, en un continente que luego de aquel sueño igualitario descubre que gran parte de ese presupuesto es para educar a hijos de extranjeros, inmigrantes que cruzaron las fronteras y recurren a la escuela pública para integrarse y elaborar su propio plan de vida.

Nuestra querida Argentina tiene hoy una legislación que reconoce los derechos de aquellos hombres y mujeres que quieren integrarse plenamente a nuestra comunidad nacional, haciendo honor a las mejores tradiciones desde el nacimiento mismo de la Patria. Contra esta política de Estado, el xenófobo Macri Junior, hijo del inmigrante Franco Macri, tiene también una política de desmantelamiento de la educación y la salud públicas, sumano la no construcción de viviendas populares para que los pobres se vayan lejos, bien lejos de la Reina del Plata…

Esto provocó las tensiones sociales que terminaron con enfrentamientos entre las clases sociales bajas y los desposeídos, con muertos y heridos. Este es el resultado de las políticas retrógradas de este moderno hombre de las cavernas.

Apoyemos a Cristina desde la Izquierda Nacional, Sumate a Patria y Pueblo!

El kirchnerismo es, hasta ahora, el más concreto resultado de las movilizaciones populares del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Esos dos días no se limitaron a echar por tierra la dictadura económica de Domingo Cavallo y sus mandantes. Tampoco se reduce su significado a la caída del insensible y semiautista De La Rúa. Ni siquiera al repudio general a la Alianza y su proyecto de plumerearle la fachada moral a la destructiva convertibilidad “uno a uno”.

Esos dos días, el pueblo argentino salió a las calles para ponerle punto final a la hegemonía del gran capital internacional y de sus socios locales que había empezado con la caída del General Perón en septiembre de 1955. El Proceso y sus desaparecidos, el alfonsinismo y sus hipocresías, el menemismo y su cínico desparpajo, habían llevado el sistema implantado en esa lejana fecha al límite mismo de la perfección. A un costo de más de tres docenas de vidas, diciembre del 2001 empezó a invertir el rumbo de medio siglo de historia.

Pero la profundidad a que había llegado el desastroso desguace de la Argentina durante la década del 90 había dejado profundas huellas en el espíritu de nuestros compatriotas. Entramos al siglo XXI con claridad sobre lo que ya no queríamos que volviera a suceder, pero sin una idea definida sobre lo que necesitábamos hacer para salir adelante. De allí que el sentido de las protestas se condensara en estas dos consignas: “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”, y “Que se vayan todos”.

UN MANDATO IMPLÍCITO 

La primera señalaba el interés común inmediato de trabajadores, excluidos y clases medias. Los primeros dos grupos estaban ante un creciente futuro de miseria, hambre y enfermedad; y las clases medias habían visto cómo el mismo sistema financiero imperialista que las había inducido a depositar sus ahorros en la banca privada extranjera terminaba ahora expropiándolas sin compasión.

Se sentían arrojadas también a la espiral trágica que se estaba devorando a los trabajadores. Y con razón. Cuando De La Rúa decretó el estado de sitio para defender ese sistema, trabajadores y clases medias se sintieron unificados y ése es el sentido de una consigna que no iba más allá de la coyuntura. Era un programa “gremial”.

La segunda consigna revelaba que el sistema de partidos políticos argentinos, tras haber sido transformado en correa de transmisión del gran capital concentrado, había perdido toda legitimidad. Era un no-programa político. Fue mérito de Néstor Kirchner ir encontrando el programa implícito en la primera consigna, que era un verdadero punto final al régimen de la Libertadora.

EL GOBIERNO DE NÉSTOR KIRCHNER Y EL FIN DE LOS ´90

Cuando llegó a la Casa Rosada era un político casi desconocido, oriundo de una provincia muy pequeña, en la cual había llegado a importantes acuerdos con la imperialista Repsol y de quien se decía que más allá de su juventud libertaria ahora se había convertido en un burgués hecho y derecho. Su ascenso a la presidencia de la Nación se vio facilitado, además, por el apoyo que obtuvo de Eduardo Duhalde, el último representante del antiguo sistema en condiciones de mantenerse en el poder e intentar algún condicionamiento a quien lo sucediera. Parecía, entonces, el “caballo del comisario”.

Pero lo primero que hizo, antes aún de iniciar su mandato, fue un sorprendente anuncio. Declaró públicamente que no pensaba renunciar a sus ideales al atravesar el umbral de la Casa Rosada. Con los antecedentes a la vista, esta definición fue tomada no sin escepticismo. Pero a medida que empezó a gobernar, sin Estado y sin partido, ese escepticismo mutó en sorprendido apoyo popular.

Poco a poco, el Dr. Néstor Kirchner fue maniobrando para modificar el curso de colisión que, pese a algunas tímidas y conservadoras medidas tomadas bajo el interregno duhaldista, seguía llevando la Argentina. Por un lado, inició una saludable limpieza de las estructuras más pestilentes de la Justicia menemista (la Corte neoliberal automática), y por el otro, encaró la reapertura de los juicios por responsabilidades durante el período 1976-83 en el marco de una política de derechos humanos que adquirió enorme vuelo. Pero las notables muestras de ruptura con sus antecesores no quedaron allí.

En el plano de la política económica no demoró en demostrar una audacia que otros no habían tenido. Por una parte, puso freno a la desaforada voracidad tarifaria de las empresas beneficiarias de la desnacionalización privatista de los 90, y por el otro se lanzó a una negociación de la deuda externa que, por primera vez desde la muerte del General Perón, dejó a la Argentina mejor parada al término de las conversaciones que a su inicio.

Esta negociación demostró que, efectivamente, Kirchner no había abandonado sus ideales básicos de la juventud por más que tampoco había atravesado inmune la década del 90. A partir de allí, una serie de medidas (iniciada con la liquidación de la “ley Banelco”) devolvió a los trabajadores y jubilados el 13% de los ingresos que bajo la Alianza les había expropiado la voracidad del gran capital, y abrió la posibilidad de discutir salarios y condiciones de trabajo en negociaciones paritarias. Se fue generando un sistema oficial de atención a los excluidos, se reactivó elcrecimiento industrial, se capturó parte de la renta agraria y una fracción de la petrolera, se sanearon las cuentas fiscales, se acumularon reservas que permitían enfrentar cualquier corrida desestabilizadora…

E incluso se devolvió al control del Estado nacional algunas de las empresas estratégicas que se habían extranjerizado durante el período cerrado en 2001. Fueron pocos casos, es cierto, y no se debió a cuestión de principios sino por la imposibilidad de seguir sosteniendo situaciones demasiado reñidas no ya con el interés nacional sino con la mera ley burguesa. Pero se hizo y a dos años de gestión, no cabían dudas: los argentinos estábamos ante un gobierno de rumbo nacional, contradictorio y tímido pero de clara definición. La popularidad de Néstor Kirchner ascendió, y las elecciones le fueron sistemáticamente favorables.

LA 125 Y LOS LÍMITES DEL KIRCHNERISMO

Mientras tanto, las fuerzas más reaccionarias y antipopulares de nuestro país fueron recuperándose de la derrota sufrida en 2001. Se reorganizaron y se lanzaron a la captura de voluntades para intentar un ataque a ese gobierno que, tímido y todo como era, les resultaba intolerable. No olvidemos que se trataba de los mismos que -en función de sus privilegios económicos y sociales- habían lanzado el golpe de 1976 y habían apoyado obscenamente el saqueo menemista.

La Sociedad Rural Argentina, esa vieja enemiga de nuestro pueblo, ya estaba trabajando en 2006 sobre las “bases” rurales para volcarlas contra el mismo gobierno kirchnerista que había terminado con las amenazas de lanzamientos judiciales y las había enriquecido con la nueva paridad cambiaria al punto de haberlas convertido prácticamente en rentistas de la tierra. Satisfecho con sus logros, el gobierno del Dr. Kirchner no prestó atención a estos movimientos y otros equivalentes, pese a que no solo los integrantes de PATRIA Y PUEBLO alertamos sobre el peligro que implicaban.

La tormenta estalló después de que Cristina Fernández de Kirchner, tras una victoria aplastante en las presidenciales, sucediera a su marido como Primera Mandataria electa. No otro significado tuvo el intento de golpe de Estado que se organizó en torno a la “resolución 125” en 2008. Los alineamientos que se produjeron en ese momento marcan los ejes fundamentales del actual tiempo político argentino.

¿Cómo se había llegado a esta situación? Convencido de la imposibilidad de retomar el camino de la soberanía nacional en el punto en que había quedado en 1955, el gobierno del Dr. Kirchner intentó reindustrializar la Argentina, en una coyuntura mundial favorable, sin tocar los privilegios rentísticos de la oligarquía vernácula ni el sistema de saqueo de las grandes empresas multinacionales y de la gran banca imperialista. Creyó que se podía “crear” una burguesía nacional que cumpliera “su” tarea histórica, y que con eso alcanzaría para retomar el rumbo patriótico perdido con la “Libertadora”.

Sucedió lo contrario. La “burguesía nacional” sigue sin comprender el sentido último del gobierno kirchnerista. Y la reactivación del mercado interno y los altos precios de los productos agropecuarios pampeanos en el mercado mundial fortalecieron mucho más a las viejas clases tradicionales y al capital concentrado que al Estado nacional o a la “burguesía nacional”. Sobre la base de ese poder remanente, que no era precisamente poco, se organizaron las fuerzas que, ante la aversión o incapacidad del kirchnerismo de organizar desde abajo un fuerte apoyo militante del pueblo argentino, intentaron transformar una cuestión arancelaria en el corazón de una movilización semipopular para derrocar al gobierno.

Contaron para ello, para colmo, con la colaboración del Vicepresidente. Que había llegado a su sitial por los mismos motivos que habían dejado al kirchnerismo huérfano de esa base de masas organizada y militante que hubiera impedido cualquier intento de ese tipo: la tendencia a sustituir la dificultosa tarea de reconstruir ideológica, doctrinaria y organizativamente el movimiento nacional por acuerdos de cúpula con sujetos y sectores desgajados, por conveniencia, del tronco antinacional de los viejos partidos.

El caso Cobos fue el más claro ejemplo, pero no el único, de la esterilidad de ese rumbo. Ya antes, en un movimiento equivalente, habíamos tenido la defección de los aliados “izquierdistas” en el Parlamento. A medida que el kirchnerismo se fue acercando al peronismo histórico, en particular a la Confederación General del Trabajo, esos recién llegados al campo nacional se consideraron autorizados para criticarlo por hacerse “conservador”… pero terminaron junto a la oligarquía argentina en el momento decisivo.

PATRIA Y PUEBLO Y EL GOBIERNO DE CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER

El partido PATRIA Y PUEBLO es un partido socialista de Izquierda Nacional. Brindó su apoyo al Dr. Kirchner a partir de las negociaciones por la deuda externa, pero nunca se integró al kirchnerismo en la medida que, para ello, debía renunciar a su condición de socialista y asumirse como una organización peronista. Nos diferenciamos tajantemente de esos “izquierdistas” que han brindado apoyos interesados o, como hacen hoy en día Fernando Solanas y el Dip. Lozano desde Proyecto Sur, cubren el flanco izquierdo de la oposición oligárquico-imperialista al gobierno nacional.

Compartimos la mayoría de las posiciones planteadas en la práctica por los gobiernos del Dr. y la Dra. Kirchner, pero creemos que para asegurar los logros obtenidos es necesario profundizar cada vez más el rumbo adoptado. Y, en lo inmediato, esto tiene dos sentidos muy precisos.

ESTADO  Y BURGUESÍA NACIONAL 

Por un lado, creemos que es necesario recuperar el control nacional de los sectores económicos estratégicos sin esperar a que una supuesta “burguesía nacional” asuma su rol histórico. Es fundamental abandonar para siempre todo resabio de “privatismo” en materia económica y volver a los lineamientos marcados por el General Perón durante sus tres gobiernos.

En particular, la Argentina debe renacionalizar y estatizar el comercio exterior, además de reformar profundamente el sistema financiero. Las grandes empresas, que concentran abrumadoramente la producción y distribución de bienes básicos, no pueden seguir amenazando a los argentinos con espirales inflacionarias injustificables. Contra ellas hay que aplicar todo el poder del Estado, inclusive la expropiación por seguridad pública.

Se requiere la constitución de una empresa nacional de producción, elaboración, comercialización y exportación de productos agropecuarios sobre un acuerdo entre el Estado y los sectores más dinámicos de la clase media agraria. La producción pampeana es a la Argentina lo que el petróleo es a la venezolana. Necesitamos urgentemente una “PDVSA” de los productos agropecuarios.

El empresariado de vocación nacional, cuya existencia no discutimos, carece de la fuerza que se requiere para cumplir con sus tareas históricas. No es imaginable que ahora, por un acto de voluntad política, cambie la naturaleza de la masa empresarial. Nacionalización de la economía, en la Argentina concreta, es sinónimo de estatización de los sectores básicos y de intervención directa del Estado en los renglones más dinámicos.

MOVIMIENTO OBRERO  Y CLASE TRABAJADORA 

La clase trabajadora ha demostrado ser el más firme sustento del gobierno kirchnerista. Esto irrita a “La Nación” y a no pocos “izquierdistas” que se sienten más cerca del Grupo Clarín que de los obreros y empleados de carne y hueso de nuestro país. A ellos, la aproximación de Kirchner y Cristina con Hugo Moyano les parece una traición imperdonable. A nosotros, los compañeros de PATRIA Y PUEBLO, que no somos “moyanistas” pero sí sabemos que el socialismo está allí donde están los trabajadores, nos produce enorme satisfacción. Pero creemos también que con ese apoyo no alcanza.

Han pasado, a nuestro juicio, los tiempos en que la clase trabajadora podía conformarse con el papel de “columna vertebral del movimiento”. Los pasos que se vienen dando en pro de la constitución de una representación política independiente de los trabajadores dentro del campo nacional nos parecen un importante avance histórico, y la mejor garantía de permanencia y consolidación del rumbo patriótico del gobierno nacional. En PATRIA Y PUEBLO creemos que esa clase trabajadora, renovada y fortalecida numéricamente por la reindustrialización lanzada desde el kirchnerismo, está llamada a conducir los destinos del campo nacional en su conjunto, y trabajamos para ello.

Por todo lo anterior, creemos que la mejor manera de apoyar a Cristina Fernández de Kirchner en la actual circunstancia está en organizar un ala izquierda consecuente e independiente dentro del campo nacional. Estaremos siempre en la defensa de cualquier gobierno patriótico contra las acechanzas y amenazas del bloque oligárquico. Pero también consideramos que es necesario organizar una poderosa fuerza de Izquierda Nacional amplia que convoque a esa defensa a todos los argentinos que, sin sentirse representados por las estructuras formales del PJ o por las múltiples agrupaciones kirchneristas, sí entiendan la necesidad de congregarse en torno a Cristina para fortalecerla frente al intento de retrotraer el país a los ’90.

Si creés, como nosotros, que solo una alianza de clases medias y trabajadores puede salvar a la Patria. Si creés, como nosotros, que la defensa de la Nación está por encima de cualquier otra consideración, incluido si hace falta el código de propiedad. Si creés, como nosotros, que solo la hegemonía de los trabajadores garantiza el rumbo correcto de esta larga lucha de los argentinos por la dignidad y por la unidad latinoamericana. Si creés que nuestro pueblo merece una Patria justa, libre y soberana con un gobierno profundamente plebeyo y una definitiva proyección latinoamericana. Si creés, en suma, que a la izquierda del kirchnerismo existe un espacio político que llenar para que no lo ocupen el imperialismo y sus lenguaraces locales, entonces …

SUMATE A PATRIA Y PUEBLO, QUE LOS ARGENTINOS TE NECESITAN...

Villa Soldati: La Exclusión vuelve a matar

VILLA SOLDATI: LA EXCLUSIÓN VUELVE A MATAR
Declaración del Partido PATRIA Y PUEBLO

El incalificable asesinato de cuatro personas en Villa Soldati, a las que hay que sumar heridos en grave estado, es otra consecuencia más de las políticas de exclusión social en la ciudad más rica del país. Más allá de los hechos inmediatos, el origen de estos crímenes está en la política de exclusión social que, en nombre de “los vecinos”, perpetran Mauricio Macri, sus operadores barriales y su equipo político en general. Es fundamental terminar con la soberbia depredadora de estos racistas antiargentinos, antes de que se cobre nuevas vidas.

El Partido Patria y Pueblo denuncia a la política excluyente de Mauricio Macri y sus secuaces como la única razón de la desesperación popular que ha causado las tomas de tierras públicas por miles de desposeídos sin techo, y hace responsable al Jefe de Gobierno de la Capital Federal de los argentinos por todas las víctimas, fatales o no, que esa desesperación provoque.

Los hechos en sí mismos despiertan muchos interrogantes, en particular en lo que hace a la participación de personal de la Policía Federal, donde al menos ya se ha iniciado la clarificación de los hechos para deslindar responsabilidades y tomar las medidas pertinentes. No cabe decir lo mismo de la Policía Metropolitana.

Es fundamental identificar a los asesinos, deslindar responsabilidades y castigar a los culpables. Pero además las declaraciones de Mauricio Macri, sindicando como culpables a los extranjeros (y en general a los “no vecinos”) y exigiendo un cambio en las políticas migratorias de la República Argentina, son definitorias. Ninguna consideración puede suprimir esta declaración de principios, doblemente repugnante por provenir de un hijo de inmigrantes.

En Villa Soldati un grupo de habitantes tan humilde como impotente trató de obtener un mínimo cobijo en terrenos públicos que la desidia macrista había convertido en un baldío. Aún no está claro si ello se debe a falsas promesas electorales de operadores locales del macrismo o no. Pero aún si así no fuera, dos motivos deberían impedir al gobierno de la Ciudad, si tuviera un mínimo de decoro, aducir que el problema está en la ruptura de la ley que implica la toma unilateral y compulsiva de espacios públicos.

Por un lado, cuando se traspasó a título gratuito suelo urbano de inmenso valor a las grandes empresas que hoy apoyan la actual administración, ni se les ocurrió repudiar semejante robo. El ejemplo más vergonzoso es el de Puerto Madero.

Por otro, porque el verdadero origen de esta crisis está en la política del actual Gobierno de la Ciudad, caracterizada por la desfinanciación de los organismos municipales dedicados a la vivienda, la expulsión compulsiva de ocupantes de inmuebles tomados, y la decisión general de reducir el Estado a un papel de gendarmería clasista al servicio del privilegio.

El derecho a la vivienda es, aunque Macri lo ignore, un derecho constitucional. La Ciudad Autónoma es la ciudad más rica del país. Disfruta de rentas extraordinarias porque tributan en ella las principales empresas de la Argentina, cuyos impuestos salen de ganancias obtenidas en todo el territorio nacional. En Buenos Aires, los problemas de vivienda solo expresan el desinterés político por quienes los padecen. Es doblemente infame ver cómo el Jefe de Gobierno utiliza sus políticas habitacionales, educativas y sanitarias para decidir quién puede y quién no puede vivir en la Capital Federal.

Lo que corresponde hacer es declarar la emergencia habitacional, destinar a construcción de viviendas e infraestructura de servicios la mayor parte del presupuesto porteño y poner coto a la voracidad rentística de las constructoras, que siguen haciendo grandes negocios en las zonas adineradas. Esperan, según declaraciones de Alan Faena al diario La Nación, que durante 2011 las viviendas de lujo aumenten entre 10 y un 15%. La salvaje política expulsora de Mauricio Macri es todo lo contrario de lo que corresponde hacer: pone Buenos Aires al servicio del gran capital, sin preocuparse por los costos sociales y humanos.

En cuanto al papel de las fuerzas policiales: éstas deben estar, de una vez por todas, al servicio de todos los ciudadanos, y en especial de los más desprotegidos. Ni Mauricio Macri ni sus secuaces saben decir otra cosa que “váyanse a otro lado”. A los que pretenden permanecer allí donde están viviendo, les tiene reservados una ametralladora de episodios de este tenor.

Si el macrismo sigue cobrando su cuota de vidas humanas por defender la especulación de inmobiliarias y constructoras, terminará configurando una situación encuadrable en la necesidad de la intervención federal en el distrito. No sabemos cuántos muertos harán falta para que la población porteña termine por reclamar la misma. Pero tenemos la certeza de que llegado ese caso no le temblará la mano al Poder Ejecutivo de la Nación para ponerle punto final a la orgía de sangre que está costando la actual conducción de los asuntos de Buenos Aires.

Mesa Ejecutiva del Partido Patria y Pueblo – Socialistas de la Izquierda Nacional
Néstor Gorojovsky, Secretario General
Rubén Rosmarino, Pablo López, Lorena Vazquez

REPUDIO ANTE LAS VICTIMAS POR LAS POLITICAS DE MACRI

Las muertes ocasionadas por la intencional falta de políticas habitacionales del salvaje Mauricio Macri y sus cómplices, ascienden a MINIMAMENTE 10 personas, solo desde Diciembre de 2007 y mientras tanto organizaciones sociales y políticas deben suplir el retroceso del Estado de la Ciudad de Buenos Aires.

Cuando pensábamos que ya era imposible retrotraerse a los 90´s, el salvaje Mauricio Macri y sus secuaces implantaron una isla neoliberal en un País que día a día profundiza un Proyecto Nacional que le dice No a la exclusión de los sectores populares.

Estos hechos dejan a la luz el error, que para los compañeros de PYP significó la Autonomia de la Ciudad de Buenos Aires, como asi tambien la creación de la Policía Metropolitana (la cual fue aprobada no solo por el Macrismo).

Repudiamos la muerte de estos dos compatriotas latinoamericanos (que no fue una tragedia, ya que estas dos muertes como tantas otras eran evitables con políticas habitacionales) y nos solidarizamos con sus familias.

Exigimos juicio y castigo al salvaje Mauricio Macri y todos sus cómplices, responsable de mas de una decena de muertes en la Ciudad producto de su negligenia, ineficiencia y destrucción premeditada del Estado del Gobierno de la Ciudad y sus políticas de marginación, acecho y represión a los sectores populares.

Hoy más que nunca, la unidad del Frente Nacional en la Ciudad de Buenos Aires es imprescindible para recuperar nuestra Capital Federal, romper con la isla neoliberal macrista y evitar la muerte de mas compatriotas.