Orden para el saqueo u orden para la Liberación Nacional

ORDEN PARA EL SAQUEO U ORDEN PARA LA LIBERACIÓN NACIONAL
por Omar Zanarini




La toma de los terrenos del Parque Indoamericano fue un modo desesperado de peticionar por un derecho constitucional. Los ataques a esos peticionantes fueron un progrom antiboliviano. Ambos prueban que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con su jefe Mauricio Macri a la cabeza, quiere hacer de la Capital Federal una ciudad para pocos. Pasó de los desalojos que pretextaban cuestiones de higiene y seguridad de los propios desalojados a la eliminación xenófoba de los humildes, donde ya el otro no importa sino como enemigo.

Es una relación bélica hacia otro que permite exculpar las malas políticas de un Estado ausente: “en la medida en que el Estado funciona en la modalidad del biopoder, su función mortífera solo puede ser asegurada por el racismo”, remarcaba Michel Foucault (cuya existencia es seguramente desconocida por Macri).

Si al principio todo fue caos (en su sentido literal o en sentido figurado) y la vida es un permanente conflicto para organizar el caos,  solo la muerte puede restablecer el orden de la inmovilidad. Se puede coincidir con la afirmación de que "el orden no es ni de derecha ni de izquierda", o no. Pero la cuestión sigue siendo la de quién impone ese orden, si el campo antinacional, que ordena para garantizar el saqueo o el campo nacional, que ordena para avanzar en el proceso de liberación nacional.
Si el campo antinacional pretende ejercer el orden los resultados son invariablemente desastrosos para los sectores populares. Ya hemos visto los resultados en la experiencia histórica iniciada en 1955 y profundizada en 1966 y 1976. Y cuando el campo nacional avanza en el sentido de la liberación, allí aparecen los elementos del campo antinacional para hacer sentir que aún están allí dispuestos a desordenar para luego reordenar… a su manera.

Por eso la dialéctica orden/desorden representa un fenómeno mucho más amplio que la política de seguridad en sí.  Esta tensión nos habla de los distintos movimientos orgánicos que se dan entre el gobierno nacional, que avanza por el rumbo de la liberación nacional, y los sectores reaccionarios que aún perviven en el Estado y reniegan del avance popular sobre sus intereses. 

En tanto movimiento de coyuntura, la política de desalojo del salvaje Mauricio Macri pasa como exabrupto de un liberal que interpreta al Estado como garante de sus negocios, lo que no es poco. Pero cuando se la observa como movimiento orgánico donde el objetivo es la eliminación racial del otro, lo que se revela es otra cosa: su programa, coherente y sistemático.

Como acontecimiento aislado, la toma del Parque Indoamericano es un hecho social que muestra dialécticamente una problemática irresuelta de la sociedad colonial,  que estalla como reivindicación latente de las NBI por parte de los sectores desplazados por el neoliberalismo, ante la imposibilidad de acceder a la vivienda única. Allí vemos no solo la falta de una política habitacional por parte del gobierno de Macri, sino la propia concepción histórica de los sectores que hoy ven menguar sus intereses a medida que el gobierno nacional avanza sobre el Estado colonial.

Los sectores más desplazados por el neoliberalismo hicieron estallar allí, como reivindicación latente, la justa insatisfacción con la tardanza en decisiones que les resultan vitales. En particular una que afecta a una amplia franja, que va desde los más desposeídos hasta los sectores medio-bajos: la imposibilidad de acceder a una vivienda decente. Allí vemos no solo la falta de una política habitacional por parte del gobierno de Macri, sino la propia concepción histórica de los sectores que hoy ven menguar sus intereses a medida que el gobierno nacional avanza sobre el Estado colonial.

El pasado mes de octubre en el acto de la CGT en el estadio de River, Hugo Moyano marcó hacia dónde y cómo debe avanzar el gobierno nacional para garantizar la dignidad de los trabajadores. Semejante apoyo hacia el gobierno nacional por parte del movimiento obrero organizado, suscitó en los sectores oligárquicos el temor furibundo de la posibilidad que los trabajadores participen en el 10% de las ganancias de las empresas.

Sabemos que no es cuestión de porcentajes: lo que no quieren es que el gobierno nacional avance y consolide su base de apoyo. La oligarquía sabe lo que le hace falta al gobierno de CFK, y por esos flancos se lo ataca: precios, inseguridad y vivienda.
Pero el enemigo ataca por los aciertos más que por los errores. Como dice la presidenta, aún queda mucho por hacer, pero el rumbo emprendido va en la solución de los problemas del trabajo y las necesidades básicas alimenticias y educativas. Si hoy la problemática en agenda es la vivienda, es porque, precisamente, más allá de los nodos marginales, las necesidades de alimentación y trabajo se encuentran en cierta forma contenida, producto de las distintas políticas de gobierno y por la propia recuperación del trabajo genuino.

Retrocesos y avances del orden colonial

Estamos ante una crisis orgánica que comenzó a estallar tras el 2001. Hoy los garantes de mantener el vínculo orgánico entre estructura y superestructura colonial se están resquebrajando. Los intelectuales orgánicos a la extranjería han perdido su capacidad de generar consensos. La espiral de silencio se ha revertido y los apoyos masivos al gobierno se revelan ante cada convocatoria oficial a movilizarse en las calles e incluso en movilizaciones espontáneas no anunciadas. Los avances del gobierno nacional no solo revelan la dimensión de la crisis, sino que marcan, dialécticamente, la debilidad del imperialismo y de las clases sociales ligadas a él a la hora de continuar manteniendo la hegemonía.

Hoy observamos que ante la imposibilidad de la oligarquía de poder controlar esta crisis orgánica desde el Estado Nacional que fractura el bloque histórico, suscitan en el seno de la sociedad organizaciones como la UCEP o como el grupo de “vecinos decentes” que avanzaron sobre los compatriotas en el Parque Indoamericano.

 Si en las metrópolis la crisis orgánica se revela como la muerte de lo viejo “sin que pueda nacer lo nuevo”, en las semicolonias, como la Argentina, su relación esta en lo nuevo que emerge sobre lo viejo que resiste en morir. Y si en los países centrales el Estado siempre es  garante de los interesas de las clases dominantes, en la periferia es la única herramienta con que contamos los pobres y los trabajadores para quebrar el señorío de sectores hegemónicos.

 Por eso es importante distinguir entre el contenido nacional-popular del Estado Nacional y la impronta entreguista-reaccionaria del GCBA. Entre un Estado que tiene por política no reprimir la protesta social y otro que cobija a organizaciones “para” como fue la UCEP o los “vecinos decentes” que prohijaron el progrom. Aunque, como ya dijimos, no se trata de orden/ desorden ni de garantismo/represión, sino de una contradicción mucho más profunda y fundante: patria o colonia.

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