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El kirchnerismo es, hasta ahora, el más concreto resultado de las movilizaciones populares del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Esos dos días no se limitaron a echar por tierra la dictadura económica de Domingo Cavallo y sus mandantes. Tampoco se reduce su significado a la caída del insensible y semiautista De La Rúa. Ni siquiera al repudio general a la Alianza y su proyecto de plumerearle la fachada moral a la destructiva convertibilidad “uno a uno”.

Esos dos días, el pueblo argentino salió a las calles para ponerle punto final a la hegemonía del gran capital internacional y de sus socios locales que había empezado con la caída del General Perón en septiembre de 1955. El Proceso y sus desaparecidos, el alfonsinismo y sus hipocresías, el menemismo y su cínico desparpajo, habían llevado el sistema implantado en esa lejana fecha al límite mismo de la perfección. A un costo de más de tres docenas de vidas, diciembre del 2001 empezó a invertir el rumbo de medio siglo de historia.

Pero la profundidad a que había llegado el desastroso desguace de la Argentina durante la década del 90 había dejado profundas huellas en el espíritu de nuestros compatriotas. Entramos al siglo XXI con claridad sobre lo que ya no queríamos que volviera a suceder, pero sin una idea definida sobre lo que necesitábamos hacer para salir adelante. De allí que el sentido de las protestas se condensara en estas dos consignas: “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”, y “Que se vayan todos”.

UN MANDATO IMPLÍCITO 

La primera señalaba el interés común inmediato de trabajadores, excluidos y clases medias. Los primeros dos grupos estaban ante un creciente futuro de miseria, hambre y enfermedad; y las clases medias habían visto cómo el mismo sistema financiero imperialista que las había inducido a depositar sus ahorros en la banca privada extranjera terminaba ahora expropiándolas sin compasión.

Se sentían arrojadas también a la espiral trágica que se estaba devorando a los trabajadores. Y con razón. Cuando De La Rúa decretó el estado de sitio para defender ese sistema, trabajadores y clases medias se sintieron unificados y ése es el sentido de una consigna que no iba más allá de la coyuntura. Era un programa “gremial”.

La segunda consigna revelaba que el sistema de partidos políticos argentinos, tras haber sido transformado en correa de transmisión del gran capital concentrado, había perdido toda legitimidad. Era un no-programa político. Fue mérito de Néstor Kirchner ir encontrando el programa implícito en la primera consigna, que era un verdadero punto final al régimen de la Libertadora.

EL GOBIERNO DE NÉSTOR KIRCHNER Y EL FIN DE LOS ´90

Cuando llegó a la Casa Rosada era un político casi desconocido, oriundo de una provincia muy pequeña, en la cual había llegado a importantes acuerdos con la imperialista Repsol y de quien se decía que más allá de su juventud libertaria ahora se había convertido en un burgués hecho y derecho. Su ascenso a la presidencia de la Nación se vio facilitado, además, por el apoyo que obtuvo de Eduardo Duhalde, el último representante del antiguo sistema en condiciones de mantenerse en el poder e intentar algún condicionamiento a quien lo sucediera. Parecía, entonces, el “caballo del comisario”.

Pero lo primero que hizo, antes aún de iniciar su mandato, fue un sorprendente anuncio. Declaró públicamente que no pensaba renunciar a sus ideales al atravesar el umbral de la Casa Rosada. Con los antecedentes a la vista, esta definición fue tomada no sin escepticismo. Pero a medida que empezó a gobernar, sin Estado y sin partido, ese escepticismo mutó en sorprendido apoyo popular.

Poco a poco, el Dr. Néstor Kirchner fue maniobrando para modificar el curso de colisión que, pese a algunas tímidas y conservadoras medidas tomadas bajo el interregno duhaldista, seguía llevando la Argentina. Por un lado, inició una saludable limpieza de las estructuras más pestilentes de la Justicia menemista (la Corte neoliberal automática), y por el otro, encaró la reapertura de los juicios por responsabilidades durante el período 1976-83 en el marco de una política de derechos humanos que adquirió enorme vuelo. Pero las notables muestras de ruptura con sus antecesores no quedaron allí.

En el plano de la política económica no demoró en demostrar una audacia que otros no habían tenido. Por una parte, puso freno a la desaforada voracidad tarifaria de las empresas beneficiarias de la desnacionalización privatista de los 90, y por el otro se lanzó a una negociación de la deuda externa que, por primera vez desde la muerte del General Perón, dejó a la Argentina mejor parada al término de las conversaciones que a su inicio.

Esta negociación demostró que, efectivamente, Kirchner no había abandonado sus ideales básicos de la juventud por más que tampoco había atravesado inmune la década del 90. A partir de allí, una serie de medidas (iniciada con la liquidación de la “ley Banelco”) devolvió a los trabajadores y jubilados el 13% de los ingresos que bajo la Alianza les había expropiado la voracidad del gran capital, y abrió la posibilidad de discutir salarios y condiciones de trabajo en negociaciones paritarias. Se fue generando un sistema oficial de atención a los excluidos, se reactivó elcrecimiento industrial, se capturó parte de la renta agraria y una fracción de la petrolera, se sanearon las cuentas fiscales, se acumularon reservas que permitían enfrentar cualquier corrida desestabilizadora…

E incluso se devolvió al control del Estado nacional algunas de las empresas estratégicas que se habían extranjerizado durante el período cerrado en 2001. Fueron pocos casos, es cierto, y no se debió a cuestión de principios sino por la imposibilidad de seguir sosteniendo situaciones demasiado reñidas no ya con el interés nacional sino con la mera ley burguesa. Pero se hizo y a dos años de gestión, no cabían dudas: los argentinos estábamos ante un gobierno de rumbo nacional, contradictorio y tímido pero de clara definición. La popularidad de Néstor Kirchner ascendió, y las elecciones le fueron sistemáticamente favorables.

LA 125 Y LOS LÍMITES DEL KIRCHNERISMO

Mientras tanto, las fuerzas más reaccionarias y antipopulares de nuestro país fueron recuperándose de la derrota sufrida en 2001. Se reorganizaron y se lanzaron a la captura de voluntades para intentar un ataque a ese gobierno que, tímido y todo como era, les resultaba intolerable. No olvidemos que se trataba de los mismos que -en función de sus privilegios económicos y sociales- habían lanzado el golpe de 1976 y habían apoyado obscenamente el saqueo menemista.

La Sociedad Rural Argentina, esa vieja enemiga de nuestro pueblo, ya estaba trabajando en 2006 sobre las “bases” rurales para volcarlas contra el mismo gobierno kirchnerista que había terminado con las amenazas de lanzamientos judiciales y las había enriquecido con la nueva paridad cambiaria al punto de haberlas convertido prácticamente en rentistas de la tierra. Satisfecho con sus logros, el gobierno del Dr. Kirchner no prestó atención a estos movimientos y otros equivalentes, pese a que no solo los integrantes de PATRIA Y PUEBLO alertamos sobre el peligro que implicaban.

La tormenta estalló después de que Cristina Fernández de Kirchner, tras una victoria aplastante en las presidenciales, sucediera a su marido como Primera Mandataria electa. No otro significado tuvo el intento de golpe de Estado que se organizó en torno a la “resolución 125” en 2008. Los alineamientos que se produjeron en ese momento marcan los ejes fundamentales del actual tiempo político argentino.

¿Cómo se había llegado a esta situación? Convencido de la imposibilidad de retomar el camino de la soberanía nacional en el punto en que había quedado en 1955, el gobierno del Dr. Kirchner intentó reindustrializar la Argentina, en una coyuntura mundial favorable, sin tocar los privilegios rentísticos de la oligarquía vernácula ni el sistema de saqueo de las grandes empresas multinacionales y de la gran banca imperialista. Creyó que se podía “crear” una burguesía nacional que cumpliera “su” tarea histórica, y que con eso alcanzaría para retomar el rumbo patriótico perdido con la “Libertadora”.

Sucedió lo contrario. La “burguesía nacional” sigue sin comprender el sentido último del gobierno kirchnerista. Y la reactivación del mercado interno y los altos precios de los productos agropecuarios pampeanos en el mercado mundial fortalecieron mucho más a las viejas clases tradicionales y al capital concentrado que al Estado nacional o a la “burguesía nacional”. Sobre la base de ese poder remanente, que no era precisamente poco, se organizaron las fuerzas que, ante la aversión o incapacidad del kirchnerismo de organizar desde abajo un fuerte apoyo militante del pueblo argentino, intentaron transformar una cuestión arancelaria en el corazón de una movilización semipopular para derrocar al gobierno.

Contaron para ello, para colmo, con la colaboración del Vicepresidente. Que había llegado a su sitial por los mismos motivos que habían dejado al kirchnerismo huérfano de esa base de masas organizada y militante que hubiera impedido cualquier intento de ese tipo: la tendencia a sustituir la dificultosa tarea de reconstruir ideológica, doctrinaria y organizativamente el movimiento nacional por acuerdos de cúpula con sujetos y sectores desgajados, por conveniencia, del tronco antinacional de los viejos partidos.

El caso Cobos fue el más claro ejemplo, pero no el único, de la esterilidad de ese rumbo. Ya antes, en un movimiento equivalente, habíamos tenido la defección de los aliados “izquierdistas” en el Parlamento. A medida que el kirchnerismo se fue acercando al peronismo histórico, en particular a la Confederación General del Trabajo, esos recién llegados al campo nacional se consideraron autorizados para criticarlo por hacerse “conservador”… pero terminaron junto a la oligarquía argentina en el momento decisivo.

PATRIA Y PUEBLO Y EL GOBIERNO DE CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER

El partido PATRIA Y PUEBLO es un partido socialista de Izquierda Nacional. Brindó su apoyo al Dr. Kirchner a partir de las negociaciones por la deuda externa, pero nunca se integró al kirchnerismo en la medida que, para ello, debía renunciar a su condición de socialista y asumirse como una organización peronista. Nos diferenciamos tajantemente de esos “izquierdistas” que han brindado apoyos interesados o, como hacen hoy en día Fernando Solanas y el Dip. Lozano desde Proyecto Sur, cubren el flanco izquierdo de la oposición oligárquico-imperialista al gobierno nacional.

Compartimos la mayoría de las posiciones planteadas en la práctica por los gobiernos del Dr. y la Dra. Kirchner, pero creemos que para asegurar los logros obtenidos es necesario profundizar cada vez más el rumbo adoptado. Y, en lo inmediato, esto tiene dos sentidos muy precisos.

ESTADO  Y BURGUESÍA NACIONAL 

Por un lado, creemos que es necesario recuperar el control nacional de los sectores económicos estratégicos sin esperar a que una supuesta “burguesía nacional” asuma su rol histórico. Es fundamental abandonar para siempre todo resabio de “privatismo” en materia económica y volver a los lineamientos marcados por el General Perón durante sus tres gobiernos.

En particular, la Argentina debe renacionalizar y estatizar el comercio exterior, además de reformar profundamente el sistema financiero. Las grandes empresas, que concentran abrumadoramente la producción y distribución de bienes básicos, no pueden seguir amenazando a los argentinos con espirales inflacionarias injustificables. Contra ellas hay que aplicar todo el poder del Estado, inclusive la expropiación por seguridad pública.

Se requiere la constitución de una empresa nacional de producción, elaboración, comercialización y exportación de productos agropecuarios sobre un acuerdo entre el Estado y los sectores más dinámicos de la clase media agraria. La producción pampeana es a la Argentina lo que el petróleo es a la venezolana. Necesitamos urgentemente una “PDVSA” de los productos agropecuarios.

El empresariado de vocación nacional, cuya existencia no discutimos, carece de la fuerza que se requiere para cumplir con sus tareas históricas. No es imaginable que ahora, por un acto de voluntad política, cambie la naturaleza de la masa empresarial. Nacionalización de la economía, en la Argentina concreta, es sinónimo de estatización de los sectores básicos y de intervención directa del Estado en los renglones más dinámicos.

MOVIMIENTO OBRERO  Y CLASE TRABAJADORA 

La clase trabajadora ha demostrado ser el más firme sustento del gobierno kirchnerista. Esto irrita a “La Nación” y a no pocos “izquierdistas” que se sienten más cerca del Grupo Clarín que de los obreros y empleados de carne y hueso de nuestro país. A ellos, la aproximación de Kirchner y Cristina con Hugo Moyano les parece una traición imperdonable. A nosotros, los compañeros de PATRIA Y PUEBLO, que no somos “moyanistas” pero sí sabemos que el socialismo está allí donde están los trabajadores, nos produce enorme satisfacción. Pero creemos también que con ese apoyo no alcanza.

Han pasado, a nuestro juicio, los tiempos en que la clase trabajadora podía conformarse con el papel de “columna vertebral del movimiento”. Los pasos que se vienen dando en pro de la constitución de una representación política independiente de los trabajadores dentro del campo nacional nos parecen un importante avance histórico, y la mejor garantía de permanencia y consolidación del rumbo patriótico del gobierno nacional. En PATRIA Y PUEBLO creemos que esa clase trabajadora, renovada y fortalecida numéricamente por la reindustrialización lanzada desde el kirchnerismo, está llamada a conducir los destinos del campo nacional en su conjunto, y trabajamos para ello.

Por todo lo anterior, creemos que la mejor manera de apoyar a Cristina Fernández de Kirchner en la actual circunstancia está en organizar un ala izquierda consecuente e independiente dentro del campo nacional. Estaremos siempre en la defensa de cualquier gobierno patriótico contra las acechanzas y amenazas del bloque oligárquico. Pero también consideramos que es necesario organizar una poderosa fuerza de Izquierda Nacional amplia que convoque a esa defensa a todos los argentinos que, sin sentirse representados por las estructuras formales del PJ o por las múltiples agrupaciones kirchneristas, sí entiendan la necesidad de congregarse en torno a Cristina para fortalecerla frente al intento de retrotraer el país a los ’90.

Si creés, como nosotros, que solo una alianza de clases medias y trabajadores puede salvar a la Patria. Si creés, como nosotros, que la defensa de la Nación está por encima de cualquier otra consideración, incluido si hace falta el código de propiedad. Si creés, como nosotros, que solo la hegemonía de los trabajadores garantiza el rumbo correcto de esta larga lucha de los argentinos por la dignidad y por la unidad latinoamericana. Si creés que nuestro pueblo merece una Patria justa, libre y soberana con un gobierno profundamente plebeyo y una definitiva proyección latinoamericana. Si creés, en suma, que a la izquierda del kirchnerismo existe un espacio político que llenar para que no lo ocupen el imperialismo y sus lenguaraces locales, entonces …

SUMATE A PATRIA Y PUEBLO, QUE LOS ARGENTINOS TE NECESITAN...

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