SALIÓ PYP NRO. 33!

UN EXCESO DE,LUZ PUEDE ENCEGUECER
POR NÉSTOR GOROJOSVKY, SEC. GRAL PYP



Todas las encuestas, y más aún los primeros resultados electorales en diversas provincias, demuestran que la doctora Cristina Fernández de Kirchner tiene todas las posibilidades de ganar, incluso en primera vuelta, en las presidenciales de este año. Un sol arrasador parece brillar sobre el país político.

Esta situación surge, claramente, de una combinación de buena gestión, atención adecuada a las necesidades más urgentes de los sectores más sumergidos, paulatina profundización de los aspectos más nacionales de un programa aún demasiado prudente, y manejo inteligente de los ingresos extraordinarios derivados de una excepcional coyuntura mundial de precios agropecuarios. Al sentirse reconocidos por ese paquete de medidas, los sectores populares vuelven a brindar su confianza a un gobierno que, tras el duro traspié de la “125” y la derrota electoral en las parlamentarias parecía condenado al rápido fracaso.

También influye, aunque a nuestro juicio no en la medida necesaria, la batalla político ideológica (que algo insípidamente muchos llaman “cultural”) que encontró su máxima expresión en todo el proceso que culminó con la sanción de la ejemplar Ley de Medios. Esa batalla apunta a ganar el centro del tablero ideológico, y ha tenido como mínimo el excelente resultado de poner en discusión la politicidad necesaria del mensaje mediático, además de provocar una sana y masiva curiosidad en las jóvenes generaciones de la clase media.

Pero nada es más peligroso que el triunfalismo… especialmente cuando se está en clara ventaja. Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente, reza el sabio dicho popular.

Sería sumamente injusto reducir los méritos de la actual situación a los aciertos gubernamentales. Enorme es también el mérito de la oposición, a cuyos desaciertos no se puede sino rendir homenaje. El infructuoso intento revanchista de organizar el “Grupo A” tras las últimas parlamentarias terminó, como probablemente no podía ser de otro modo, en una disparada general frente al programa implícito del contubernio potenciado por los grandes grupos mediáticos.

La búsqueda de una “esperanza blanca” no le hace asco a nada. Hasta de Narváez busca pactar con dirigentes progresistas, que por supuesto huyen de semejante acuerdo para luego volver a juntarse y separarse en diversos intentos de alianza. Solanas no sabe si quedarse con algún radical o con algún socialista, le tiende a Binner el mate tóxico de la presidencia mientras él trata de asegurarse la más salible intendencia (ahora “jefatura de gobierno”, perdón, es que uno sigue siendo un argentino de la Capital Federal y no un porteño de la Ciudad Autónoma…) de Buenos Aires, Stolbizer que no sabe con quién juntarse, la Carrió que –ella sí consecuente- denuesta a todos, Duhalde, Rodríguez Saá y Chiche haciendo morisquetas para terminar cerrando el show antes de que se vaya el último asistente, Mauricio Macri soñando con una alianza con Alfonsín, que pone el grito en el cielo…

Durísimo el panorama opositor, realmente. Es previsible, sin embargo, que decante hacia dos polos: por un lado una oposición malthusiana representada por el macrismo y sus aliados, que intentarán mantenerse en la Capital Federal mientras buscan algún otro triunfito con aliados provinciales del tipo del salteño Olmedo, y por el otro un polo liberal abstracto donde el eje Binner-Alfonsín podría llegar a tener cierta viabilidad y capacidad de aglutinamiento. Ninguno, por ahora, ni juntos ni por separado, parece poder evitar la victoria de Cristina Fernández de Kirchner en la primera vuelta.

¿Qué peligros enfrenta, entonces, el campo nacional?
Los peligros que enfrentamos surgen precisamente del hecho de que, por primera vez en muchísimo tiempo, tanto la posibilidad como la forma de un triunfo electoral dependen pura y exclusivamente del campo nacional. En esta coyuntura, el variopinto espectro opositor es más espectral que nunca, y precisamente por eso es que los componentes del campo nacional tenemos la mayor de las responsabilidades en lo que vaya a ocurrir de aquí a las elecciones, y después.


Un proceso de decantación natural ha ido dejando fuera del arco oficialista a aquellos peronistas que, aparentemente sin retorno, se han comprometido orgánicamente con el libreempresismo entreguista de la oligarquía y el imperialismo, tanto desde filas cafieristas como desde filas menemistas. O (y no son pocos) desde todas las filas imaginables, por las cuales pasaron sucesiva o simultáneamente sin que se les moviera un pelo.

El intento fallido de la “transversalidad”, ese sueño de incorporar a las clases medias tal y como las había formado una historia de sometimiento a la colonización pedagógica de matriz mitrista y sarmientina, terminó también con la huida de diversas liebres sureñas a medida que el gobierno tomaba un tinte cada vez más nacional.
Esto dejó a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner con dos apoyaturas fundamentales: por un lado, el movimiento obrero y en particular la conducción MTA de la CGT encabezada por Hugo Moyano, y por el otro un vasto pero escasamente organizado mundo de clases medias que iban desde el tradicional peronista de barrio hasta el izquierdista que había descubierto, gracias a los Kirchner y como Borges en otra oportunidad, que una “expresión masiva podía no ser indigna”.

Esa apoyatura gira, claramente, en torno a la potencia que provee la CGT. La decisión explícita de la conducción de la CGT de ingresar al ruedo político, novedad de enorme importancia en la vida argentina, levantó inmediatamente un revuelo descomunal.
Izquierdistas nacionalizados y gorilas recalcitrantes coincidieron, de pronto, en la inquina contra Hugo Moyano. Ambos se ofrecieron (sí, hasta Mariano Grondona, como ya hicimos notar hace tiempo) para “salvar” a la Presidenta de la extorsión de Moyano. No faltó quien llegó a deslizar el rumor de que Hugo Moyano había sido el responsable del malestar que provocó la muerte de Néstor Kirchner.
La CGT no se propone engendrar un partido leninista. Solo pretende tener vuelo propio para presentar un programa al pueblo argentino y someterlo a la decisión popular, sin por ello confrontar con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, al cual apoya con mayor lealtad (y mayor capacidad de resistencia) que cualquier fracción de lo que podríamos llamar el “kirchnerismo político”.

De allí la importancia del acto del 29 de abril, donde la CGT ha convocado a todos los argentinos dispuestos a apoyar al gobierno y profundizar el modelo de dignificación de la vida de los argentinos. Temen ese fortalecimiento del movimiento obrero, quienes ven en él un enemigo a combatir, y pierden de vista que el verdadero enemigo es el estáblishment oligárquico.

Ese estáblishment que provoca aumentos de precios por su control monopólico de la economía, que se considera por encima de la ley, que se atreve a desconocer el derecho del Estado a tener en los directorios empresariales representación proporcional al capital que tiene invertido en ellos, que trina de bronca ante la posibilidad de repartir una mínima fracción de sus ganancias con los trabajadores, que sueña con los buenos viejos tiempos del “1 a 1” y la ausencia total de paritarias...

Contra ese estáblishment, la fuerza social que más solidez opone y que más firmeza pondrá en cada enfrentamiento es la clase trabajadora argentina. Ella es el eje de la alianza que puede sacar al país de un pasado al que no se debe retornar y lanzarlo hacia un futuro que se debe conquistar. El mayor peligro que afronta en este momento el campo nacional está en quienes no perciben esto, entre quienes creen que hay que “recortarle el poder a los sindicalistas” para poder hacer política de Estado desde un Estado que, privado del apoyo de esos sindicalistas, se rebelará de inmediato contra el gobierno popular que lo maneja con habilidad digna de mejores “defensores”.
*Editorial del periódico del Partido Patria y Pueblo – Izquierda Nacional, Nº 33, Mayo de 2011, Buenos Aires, Rep. Argentina. La presente se distribuyo como volante en la movilización convocado por la CGT el 29.04.11 en conmemoración al Día del Trabajador.

Malvinas, una mirada Descolonizadora


EL SIGNIFICADO DE MALVINAS. LA DESMALVINIZACIÓN Y UNA MIRADA DESCOLONIZADORA*.
Por Omar Zanarini

“Los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca" 
(Jose de San Martín) 

Hablar de Malvinas a 29 años de la batalla militar por su recuperación, implica ante todo reconocerlas como nuestras. Sin embargo, son muy pocos los periodistas y comunicadores que tratan de echar luz sobre su significación, o si lo hacen lo más probable que se arrimen a la visión oficializada por el alfonsinismo y mancillada tras la firma del Tratado de Madrid por el gobierno de Menem, el cual firmaba la rendición incondicional 7 años después de producido el conflicto. Ambas posiciones no son más que meros reflejos de lo que se dio en llamar dentro del campo nacional y popular como la gesta desmalvinizadora¸ una mirada colonial de país derrotado y derrotista, el cual se puede resumir en la frase: “no se puede enfrentar a los poderosos”.

Para desandar ese camino, que se presenta como una derrota cultural, debemos partir de una afirmación. No fue la guerra de una democracia contra un gobierno fascista. Fue ante todo la guerra de un Imperio contra un Pueblo.

DONDE NOS UBICAMOS PARA VER LA HISTORIA.

Así planteado el problema, la cuestión de entender lo que significó la Guerra de Malvinas, es aquella a la que hace al lugar histórico y en el momento histórico en que se encontraba la Argentina en 1982. Pero para adentrarnos aún más en las contradicciones que supone defender la causa Malvinas, precisamente por estar inserta en el contexto histórico del Proceso de Reorganización Nacional, recurriremos a un ejemplo histórico para poder revelar cuál es su verdadera trama.

El 20 de noviembre de 1845, sobre la costa plateada del Rio Paraná. Allí, al mando del General Lucio Mancilla, perderían la vida casi mil compatriotas para consolidar la soberanía del país ante la invasión anglo-francesa. Aquella patriada se conocería como la batalla de la Vuelta de Obligado. Por entonces gobernaba la Argentina Don Juan Manuel de Rosas. Desde lejanas orillas, en el viejo continente, se encontraba un exiliado que en diferido observaba lo que sucedía en su lejana patria.

Estamos hablando de San Martin, quien condenó lapidariamente a quienes abrazaron la causa del invasor extranjero. Sabido es que el Libertador le regaló su sable corvo al “Restaurador de las leyes” Don Juan Manuel de Rosas por considerar que en cierta forma la batalla de la Vuelta de Obligado completaba de algún modo la Guerra de la Independencia. Y esto último fue ocultado por la historiografía oligárquica y sola rescatada con posterioridad por los revisionistas rosistas.

San Martín bien conocía lo que acontecía en el país respecto a la Mazorca y las brutalidades hacia los unitarios, y Rosas, si bien era un hombre de las elites, no era antinacional. Es decir, San Martin, quien podemos definirlo como un liberal nacional, supo discernir donde estaba la causa de la patria sin enredarse en las discordias internas que prohijó la invasión anglo-francesa.

El 30 de marzo 1982 se producía una de las mayores movilizaciones de la CGT a la Plaza de Mayo contra la dictadura oligárquica y entreguista. La jornada anunciaba el colapso de una dictadura agotada en sus contradicciones internas.

Y nuevamente, el 2 de abril de 1982 volvían a movilizarse y junto a ellos el conjunto del pueblo argentino, no para aplaudir a un régimen entreguista y genocida, sino para apoyar una causa nacional que cuya lógica excedía a los conductores circunstanciales del conflicto. Como dijo la presidente Cristina Fernández de Kirchner, en su reciente discurso del 2 de Abril, "el pueblo pudo diferenciar entre un gobierno de facto y una guerra antiimperialista".

Tanto en 1845 como en 1982 la contradicción se presentaba de la misma manera. O se estaba con la Patria y sus contradicciones, o se pasaba al bando Imperialista.

El quebrantamiento del orden oligárquico internacional. Algo impensable para un gobierno genocida.

Con Malvinas se daba un hecho sin precedentes en el siglo XX. La gesta venía a romper más de 100 años de santa alianza entre la Argentina oligárquica y semicolonial, que tras las batallas de Caseros y Pavón se encolumnó junto a los intereses externos y la Inglaterra Imperial. Es esa misma oligarquía que supo ver en Yirigoyen y en el general Perón, a dos intrusos de la Casa Rosada. La misma que se movilizó contra la 125 y la misma que hoy día se opone a la profundización del modelo iniciado en 2003.

Como nos cuenta la historia oficial, quien condujo el conflicto de nuestras Islas Malvinas, fue el general Galtieri, un hombre que según se sabe era adepto al whisky importado. Pero esto es un dato de color. El cipayísimo general, movido por un concepto alienado de las relaciones internacionales, condujo el conflicto en un principio pensando que podría llevarlo al terreno de la mesa chica y resolverlo brindando junto a Margaret Tacher y Ronald Reagan con una botella de whisky en la mano. Es decir, creía poder fomentar una suerte de pelea familiar mediante una ocupación simbólica que mejorase la posición negociadora de la Argentina ante la TIAR, pero sin advertir que esa ocupación simbólica vulneraba el orden público oligárquico internacional.

En definitiva era ese ejército el que le había hecho el favor a los imperialismos. Pero para los ingleses no cabía negociar, sino rendirse.

LA CONCEPCIÓN DEL AMO Y EL ESCLAVO EN MALVINAS 
El histórico referente de la Izquierda Nacional, Jorge Eneas Spilimbergo, nos explica correctamente como era la relación que se daba por entonces, entre Argentina, Estados Unidos e Inglaterra. El mismo nos permite pensar el orden colonial en el cual se encontraba el país entonces y como operó la resultante desmalvinización.

Spilimbergo decía que había que entender Malvinas desde la concepción del amo y del esclavo. Pensemos. En un mayordomo negro, que es un esclavo, tiene excelentes relaciones con el amo. Ambos, le sacan el cuero a la tía del amo que era realmente insufrible. Ambos, intercambian opiniones sobre lo mal bicho que era la tía y lo insoportables que eran también sus hijos. Llegaba el punto en que esa relación amo y esclavo se desdibujaba, a tal que el esclavo se consideraba prácticamente un pariente del amo.

Llega el día en que el esclavo le hace un desplante a la tía y dice barbaridades de sus hijos. En ese momento el amo le da una patada al esclavo y lo manda al establo para que le den de azotes. Porque una cosa es que la tía sea realmente una estúpida y que no la aguante nadie y otra cosa es que un esclavo mancille o le falte el respeto a un miembro de la clase dominante.

Ahora, el mayordomo no tiene conciencia de clase pero el amo sí, éste sabe que al tocar a la tía y sus hijos, lo está tocando potencialmente a él.

Entonces, dice Spilimbergo, gran Bretaña responde como un país Imperialista serio, con conciencia de sí y para sí, y como amo que se cree nos dice, acá no hay nada que discutir, acá hay que corregir al esclavo. Al punto que cuando se estaba por llegar a un acuerdo, hunden al Belgrano.

LA DESMALVINIZACIÓN 

Es decir, los ingleses actuaron siguiendo su ley. Esta era que un país semicolonias, es decir un país esclavo, no puede ejercer actos de soberanía frente a un país imperialista. Pero lo grave no está en que Inglaterra haya actuado como actuó, de hecho es su naturaleza.

Lo grave radica en que esa derrota militar transmutó en una derrota cultural. Es decir, la sobrevino nuevamente una “colonización pedagógica” bajo el signo de la “des-malvinización” del ser nacional; que ya se había iniciado con la extranjerización económica y el desguace del aparato productivo a partir de 1976. Esta recolonización cultural devino en un espíritu de época que se erigió como tal con el advenimiento de la democracia colonial.

Desmalvinizar significó desnacionalizar, y los noventa fueron posible gracias a esa derrota. Hoy, como dijo Cristina, estamos volviendo a malvinizar a nuestra sociedad, a sentirnos orgullosos de ser argentinos y latinoamericanos y no pretender ser colonia de ninguna potencia. Como dijo Evita, “la patria dejara de ser colonia o la bandera flameara sobre sus ruinas”. "Volveremos".

*Aclaración: la siguiente es una nota preparada a instancia del programa de radio Desde el barrio, que se emite Lunes a viernes de 9 a 12hs POR RADIO GRAFICA FM 89.3 www.radiografica.org.ar