LIBIA: LA INSURRECIÓN ES UNA SANGRIENTA MAQUINACIÓN IMPERIALISTA.

La descarada intervención colonialista de las grandes potencias en Libia pretende convertir ese país en cabecera de playa africana de la Tríada imperialista liderada por EEUU. La composición del Consejo de Transición lo demuestra. Todos sus puestos clave están ocupados por políticos y tecnócratas de filiación y formación estadounidense y neoliberal. La economía quedará en manos de un empresario de Bengazi íntimamente vinculado con la familia al-Sanusi, que gobernó el Este del país como cipayos sucesivos del Imperio Otomano y de la ocupación italiana, para luego regir Libia entera bajo el control británico a partir de 1951.

Muammar Gadaffi terminó en 1969 con ese oprobioso régimen que no solo entregaba las riquezas libias al mejor postor (a cambio de una suculenta participación en los beneficios) sino que además admitía la presencia de bases extranjeras en su territorio. Todos los argumentos con los que se organizó la campaña militar de la OTAN y sus tropas nativas son falaces o directamente falsos. El régimen liderado por Gadaffi no es víctima de sus errores, sino de sus virtudes. Su régimen concitó en su contra el odio y la codicia de la burguesía imperialista, esa pandilla de bandidos que gobierna el mundo desde Washington y, subsidiariamente, desde Londres, París, Roma y otras capitales.

También la Casa de Saud, paradigma de las monarquías feudales y reaccionarias del mundo árabe, que rige su país como una satrapía medievalista al servicio de las grandes compañías petroleras angloestadounidenses, ejerce su fétida influencia sobre los emiratos del Golfo y sobre Pakistán, proporciona una base objetiva de poder al terrorismo de derecha islámica, e impide con todas sus fuerzas el avance de la revolución nacional árabe.

El pueblo libio, al que Muammar Gadaffi extrajo, al menos parcialmente, de esa máquina vampírica, debe a los tan meneados "42 años en el poder" del "dictador, criminal y terrorista" el control de sus reservas petroleras, el índice de desarrollo humano más alto de África (superior incluso al de Sudáfrica), sistemas educativo y de salud gratuitos y públicos, viviendas a bajo precio, y múltiples beneficios más. Los países africanos le deben el apoyo permanente a la constitución de la Unión Africana, la propuesta de financiar un Banco africano con las 7000 toneladas de oro que alberga su país, y múltiples iniciativas de desarrollo, que financiaba directamente.

La agresión de la OTAN reproduce el atentado a la ley internacional y el derecho de gentes que se inauguró en Yugoslavia: un grupo de países, de negro pasado y oscuro presente, se arroga el privilegio de decidir quién es "democrático" y quién no lo es, y actúa como policía política internacional sin rendir cuentas ante nadie. Si los sublevados libios logran mantenerse en el poder sin acuchillarse entre ellos, deberán enfrentar una creciente resistencia de la población. No por casualidad, la OTAN ya ha declarado que no tiene plazos para retirarse de ese país.

Se abre en Libia una nueva etapa de lucha anticolonialista. Los actuales criminales serán destruidos, más tarde o más temprano, por las fuerzas que acaban de derrotar.

Buenos Aires, Agosto de 2011.

LA "NARANJA MECÁNICA" Y LOS DISTURBIOS EN LONDRES

POR NESTOR GOROJOVSKY - SECRETARIO GENERAL DE PATRIA Y PUEBLO


En 1962, en una reacción contra el gobierno laborista el ultraconservador escritor inglés Anthony Burgess escribió “La Naranja Mecánica”, una espeluznante novela ambientada en el futuro próximo. 

Aparece allí una Inglaterra sin alma y socialista donde la delincuencia urbana se ha salido de madre al punto que la policía empieza a utilizar técnicas conductistas de acondicionamiento de los delincuentes que, literalmente, los dejan sin libre albedrío para hacer daño.

Burgess era, además de conservador, monárquico y católico (pero poco afecto al culto). Además, se autodefinía como una “especie de anarquista”. Y lo era, en el más estricto sentido de abominar de toda sociedad, opresora por definición de la libertad individual. Es decir, era partidario en la práctica de aquello que personificó Margaret Thatcher, la idea de que “la sociedad no existe, solo hay individuos”.

Tan es así que en 1978, como prefacio de un ensayo sobre el poder propagandístico de la novela de anticipación, escribió otra novela ambientada en el futuro, “1985”, en la cual imaginaba cómo hubiera sido Inglaterra de no haber existido Margaret Thatcher.

Aquello que se expresa a grandes trazos en "La Naranja Mecánica" se define claramente en "1985". En realidad, sería difícil encontrar una mejor imagen de lo que suponen los reaccionarios que sería un mundo socialista.

En ese país hipotético, el poder de los sindicatos ha llegado casi a ser absoluto. Una serie de huelgas paraliza la economía hasta hacerla prácticamente inmanejable. Finalmente, la CGT inglesa (el Trade Unions Congress, TUC) se hace con el poder y cambia el nombre del Inglaterra a Tucterra.

El personaje central, Bev Jones, integra la resistencia. Su esposa murió en un incendio, mientras los bomberos, en huelga, se limitaban a observar. Jones había trabajado como profesor de historia en la Universidad, hasta que el pragmatismo laborista consideró que ese trabajo era superfluo y solo valía la pena enseñar materias industrialmente útiles. Así que termina trabajando como dependiente en una caramelería.

Un día que, pese a haber huelga, va a trabajar como expresión de rebeldía, lo echan de inmediato. Su hija, con una enfermedad mental, termina en una miserable institución estatal, y él se queda sin casa.
Roba para vivir, y lo internan en una especie de centro de reeducación donde los representantes del nuevo estado socialista tratan de adoctrinarlo y transformarlo en un ciudadano “productivo” y
cooperativo.

No lo convencen y transcurre su condena. Apenas queda libre se integra a la renovada resistencia, los Británicos Libres. Parecen un grupo de patriotas sinceros, pero en esencia son un ejército de rompehuelgas financiados por oscuros mecenas que no se sabe bien qué pretenden. Al fin, el gobierno de Tucland cae y los Británicos Libres toman el poder solo para descubrir que los financieros habían sido prósperos inmigrantes árabes cuyo objetivo era imponer un estado islámico sobre la isla.

En primer lugar, reemplazan la cerveza tibia que es la bebida tradicional inglesa por un sucedáneo que usa tranquilizantes suaves ya que el alcohol está prohibido por la ley coránica. Bev Jones
nuevamente trata de resistir, esta  vez enseñando historia inglesa a unos pocos interesados. Pero termina suicidàndose tal como lo hizo su país.

Ambos delirios (“1985”, y especialmente “La Naranja Mecánica”) parecen presidir la reacción de la burguesía y pequeño burguesía inglesa ante la rebelión que estalló estos días en los barrios pobres de ese país.

Leemos en los cables que un joven de 16 años acaba de ser enviado a juicio oral por la muerte de un jubilado durante los disturbios, el gobierno promete exponer públicamente a los condenados y presiona a la justicia para extremar las penas a los imputados. Esto no sería loco, si no fuera por el contexto: a la madre del muchacho, que trató de defenderlo como pudo, la acusaron de obstrucción de la investigación policial y también irá a juicio.

Se mejorará el entrenamiento de la policía y extenderán sus atribuciones para lidiar con futuros incidentes del mismo tipo, incluyendo la capacidad de establecer toques de queda o dispersar grupos de personas. La mayoría de la población aprueba el castigo severo a los alborotadores, aunque algunos casos (como la condena a seis meses de prisión a uno que se robó un pack de botellas de agua mineral) han despertado cierta polémica.

La mayoría de los detenidos fueron remitidos a cortes especiales, con capacidad de emitir penas mayores que los de un tribunal de primera instancia. A dos de cada tres acusados se les rechazó la libertad bajo fianza (normalmente se hacía esto solo en el 10% de los casos).

Si bien no hubo intentos abiertos del gobierno para influir sobre la justicia, las asesorías legales de los juzgados londinenses recomendaron a los jueces “considerar si su capacidad punitiva es
suficiente para lidiar con algunos de los casos generados en los recientes desórdenes”, un verdadero llamamiento a declararse incompetentes para que el caso lo traten tribunales capaces de dictar penas más graves.

La nueva legislación antidesmanes propuesta por el gobierno incluye el desalojo compulsivo de viviendas sociales y la inhabilitación temporaria de servicios de mensajería telefónica celular.

Pero hay algo más. El gobierno presionó a los fiscales para levantar el anonimato protector que corresponde en los casos de acusados (no sentenciados, meros acusados) menores de 18 años. Y entre las leyes propuestas se incluye el derecho a la policía de desenmascarar encapuchados ante las cámaras para que el público los reconozca. En la misma línea, el aliado pequeño burgués del Partido Liberal Demócrata, Nick Clegg, informó que se obligará a los jóvenes que no reciban penas
de cárcel a limpiar las zonas afectadas con un mameluco identificatorio, para que se enfrenten “cara a cara con sus víctimas”.

La Inglaterra burguesa se dirige raudamente hacia su propia versión de la Ley de Lynch, por lo visto. La “Naranja Mecánica”, entonces.

Sí, pero bajo un gobierno conservador y no bajo uno laborista. Es que, como dijo Cameron, la causa de los desmanes fue un “colapso moral” de la sociedad británica, caracterizado por una creciente irresponsabilidad, indiferencia, pereza y egoísmo. Tiene razón, salvo
en un detalle: que esos defectos fueron instilados a ese país precisamente por la burguesía imperialista, que les sumó una codicia irrefrenable (también visible en la actitud de los revoltosos) y un hambre imparable por lo ajeno.

Es lo que le enseñó Margaret Thatcher, justamente, a los ingleses: que no hay sociedad, solo hay individuos. Y por lo tanto no hay sanción moral posible.
  
El pobre papel del laborismo, dicho sea de paso, se sintetiza en la sarta de banalidades con que “explicó” Ed Miliband los sucesos. Los atribuyó a “la pobreza, el desempleo, la marginación social y la falta de perspectivas para los jóvenes”. Sí, bien. Pero ¿quién creó en Inglaterra esas condiciones? Acaso el laborismo de Tony Blair, la genuflexión final del laborismo ante la burguesía y el Credo en el capital sin límites no tuvieron nada que ver con todo esto?.

SALIÓ PYP NRO 34!

EDITORIAL POR NESTOR GOROJOVSKY


El 14 de agosto se celebrarán elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias para definir quiénes serán, en definitiva, los candidatos a cargos nacionales en los comicios de octubre en todo el país. En las actuales condiciones, esta compulsa se ha convertido, de hecho, en una “primera vuelta” anticipada.

Los resultados de la Capital Federal y de Santa Fe están dando pie al bloque antinacional para montar una ofensiva argumental y mediática. Su objetivo es doble: 
a) desmoralizar a los partidarios de la radicalización y profundización del rumbo encarado en 2003, y
b) debilitar electoralmente a la candidata a la Presidencia Cristina Fernández de Kirchner.

Según sea la combinatoria revelada por las “primarias” se corre el riesgo de que el campo librecambista y antiindustrialista gane un importante terreno en su empeño por reorientar la política argentina para empezar un retorno a los 90.

Las “primarias” pierden así su carácter “interno” y la votación se convierte en un escalón de las elecciones nacionales. Solo la masividad de un voto hacia la candidatura de Cristina Kirchner en agosto puede demoler ese intento.

LA AUSENCIA DE UN EJE ORGANIZADOR
El sistema de partidos políticos se ha convertido en una maraña cada vez menos representativa de las clases y grupos sociales reales. El pueblo argentino busca su camino, elección tras elección, a través de esa maraña. Quienes alcanzan el Cielo en una elección, se hunden en las tinieblas infernales en la siguiente.
“No hay votantes cautivos”, dicen los analistas vulgares, y agregan con cara de sabios: “El electorado es volátil”. Lo que no explican es porqué la volatilidad. Y eso que la explicación es simple: lo volátil no es el voto, lo volátil es la representación política.
Candidatos “de izquierda” en una elección son “de derecha” en la siguiente, y en ese sentido a lo sumo solo hemos ganado en descaro. Pero mucho más serio es ver que candidatos que un día parecen tribunos del campo nacional aparecen al día siguiente como arietes del bloque antinacional.
Ante esos políticos que giran como veletas, las clases y sectores sociales se realinean en cada coyuntura electoral ante el candidato que mejor parece representarlas, y las “lealtades” son frágilesporque aún no se ha constituido un nuevo eje reorganizador del campo nacional.

La Argentina busca el rumbo para retomar lo destruido por la contrarrevolución durante el largo medio siglo que va de 1955 a 2001. En ese empeño, para Patria y Pueblo estas primarias abiertas deben constituirse en una herramienta para iniciar, apenas se tengan los datos en la mano, la recomposición de la representación política concreta de un frente nacional que dé cabida a las múltiples expresiones de apoyo al rumbo seguido desde 2003.
  

NI TRANSVERSALIDAD, NI VERTICALIDAD
Este frente nacional no puede ser una nueva versión de la “transversalidad” electoral, que persigue el imposible objetivo de amalgamar proteccionistas y librecambistas, industrialistas y agraristas, revolucionarios y retrógrados, en suma, en un común espíritu “democrático” y “progresista”. La experiencia con intentos previos nos exime de mayor comentario.
Pero la experiencia reciente demuestra que tampoco se lo puede recomponer verticalmente. El frente nacional que la Argentina necesita para radicalizar y profundizar el rumbo de 2003 se debe construir “desde arriba” y también “desde abajo”, desde el Palacio hasta el ultimo rancho, en las cámaras y en las calles. 

Todas las clases sociales cuyo interés objetivo lleva a enfrentar el librecambismo desindustrializador tienen que encontrar cabida, expresión organizativa y derecho a su voz propia en esta nueva confluencia. Profesionales, asalariados, pequeños y medianos empresarios del campo y de la ciudad, intelectuales comprometidos con su pueblo, no se encuentran representados hoy cabalmente por ninguna de las alternativas que se les proponen. Ni siquiera por las más dispuestas a darles cabida.
La acción concreta de la política, aún la que se ejerce con excelente orientación desde esferas directamente vinculadas con este gobierno que cuenta con todo nuestro apoyo, conspira a veces contra este objetivo. No pocas veces las masas argentinas se han encontrado con prácticas desmovilizadoras, y la timidez en la adopción de ciertas medidas de hondo carácter nacional y popular pone otras veces en riesgo los logros de otras, más audaces. La aglutinación del campo plebeyo, por el contrario, se da sobre la movilización contra quienes se oponen a sus grandes objetivos y la audacia en la adopción de las medidas orientadas a consolidarlos.


EL PAPEL DE LOS TRABAJADORES Y DEL ESTADO  CONSOLIDADO EN LA FIGURA PRESIDENCIAL
La garantía última de este rumbo, y por lo tanto el eje en torno al cual debería organizarse este frente nacional, son los trabajadores, en “blanco” o en “negro”, integrados a la actividad económica o aún excluidos de la misma, manuales o intelectuales, urbanos o rurales. “Profundizar” significa por lo pronto industrializar (especialmente reconstruir la base de industria pesada), fortalecer el Estado, liquidar la dictadura del sector financiero impuesta desde 1977, disciplinar al empresariado para que invierta sus ganancias en sentido de patria o, en caso de ser necesario, suplantarlo directamente con la intervención del Estado en aquellas áreas estratégicas que se niega a desarrollar.

Creemos que la idea de que el sector privado es el mejor generador de riqueza imaginable no tiene base realista y, en la Argentina, puede tener consecuencias fatales para el rumbo iniciado por el Dr. Néstor Kirchner. Creemos también que el pacto de Olivos, con el que cuajó el pacto político de la dependencia entre dirigencias radicales y peronistas que habían aceptado la inviolabilidad del estatus heredado del Proceso de 1976-1983, ha dificultado seriamente la profundización de ese rumbo al proveer al debilitamiento del Estado Central y su capacidad ordenadora de la vida del país.

El primer escalón en la reconstrucción del frente nacional, entonces, es la afluencia masiva de los ciudadanos de las más diversas filiaciones políticas para emitir un voto favorable a CFK en las “primarias”. Patria y Pueblo convoca al pueblo argentino a emprender este nuevo camino, sin temores ni vacilaciones, para asegurar que en las elecciones del 23 de octubre se inicie una nueva era en nuestro país.

EN CHILE A LOS ESTUDIANTES SE LOS EDUCA A PALAZOS

Cuando los chilenos eligieron a Sebastián Piñera como futuro presidente de su país, un agudo observador peruano constató que ese pueblo se había visto forzado a elegir entre dos versiones del postpinochetismo. Y que ahora iba a empezar la verdadera historia, porque a partir de esta elección iban a empezar a elegir un futuro.

Ningún gobierno de la Concertación soñó siquiera con modificar los lineamientos estructurales impuestos a esa martirizada sociedad por la tiranía oligárquico-imperialista que siguió al fracaso de la Unidad Popular. Peor aún: ningún político, y ningún gobierno de la Concertación se atrevió a discutir en profundidad las causas de ese fracaso.
En ese doble sentido, la candidatura de Frei era un pinochetismo vergonzante. Y la de Piñera, una Concertación sin maquillaje.
No es ninguna casualidad, entonces, que los mismos estudiantes que le amargaron  los últimos días de gobierno a Michelle Bachelet hayan concitado el respeto y apoyo de la mayoría de los chilenos (incluido el hermano del actual Presidente) que ahora enfrentan a Piñera.
¿Qué reclaman? Reclaman algo que en Chile, al igual que  en Uruguay y Argentina, se había impuesto como regla de oro de sentido común en el último cuarto del siglo XIX: la educación (en especial la superior) debía ser pública. El presidente Latorre y su ministro Varela en Uruguay, los presidentes Avellaneda y Roca (y en parte Sarmiento, pero su ministro de educación fue Avellaneda) junto a el ministro roquista Wilde en Argentina, y el presidente Pinto en Chile con su ministro Amunátegui,  ejecutaron ese programa en los tres países.
El vendaval recolonizador de los setenta, ochenta y noventa liquidó ese legado. Con muchísima potencia en Chile, con algo menos de fuerza en la Argentina, y con un poquito menos aún en Uruguay. Ya en los sesenta habíamos tenido los argentinos la primera agachada en ese sentido cuando aceptamos las universidades privadas, pero eso no había sido más que un aviso de algo que, resistencia docente mediante entre otras cosas, no llegó nunca a la profundidad de la situación chilena.
Así como Carlos Menem, durante su destructivo paso por la Presidencia, profundizó el programa del videlato y demolió cuanto habíamos construido los argentinos en nuestro propio beneficio desde los inicios de Estado argentino desde Julio Argentino Roca, Pinochet y sus continuadores (la Concertación incluida, y en primer plano) liquidó todos aquellos aspectos de la vida económica, política y social de Chile que habían permitido en su momento colocar a ese país si no en un pie de igualdad con sus vecinos, casi en su mismo plano. Y en algunos aspectos bien por arriba.
La educación, vista desde el sujeto individual, es una de las principales llaves para labrarse un porvenir (valga en este caso la frase hecha). Nadie comprende esto mejor que los pobres y los desheredados. Desde el punto de vista de la sociedad (y sin por ello descartar eventuales excepciones de individuos brillantes), es la única garantía de la diversificación y ampliación de sus capacidades productivas, estéticas y creativas en general. El dogma pequeño burgués del neoliberalismo, en cambio, plantea teológicamente que aquello que no es negocio no merece existir.
Por lo tanto, la educación, entendida como mecanismo de acceso masivo a  la superación del destino predeterminado por la sociedad, y como vía de eliminación de las rémoras que imponen a esa misma sociedad las relaciones productivas heredadas del pasado y su sanción jurídica, no merece existir.
Esto es lo que han salido a criticar en las calles los estudiantes chilenos. Que den el salto de lo individual a lo colectivo, está por verse. Pero tanto Piñera como Bachelet son vallas para esa transformación. Chile está necesitando concluir la digestión del pinochetismo, relegarlo al sitio inmundo donde le corresponde estar, y lanzarse hacia una nueva etapa. Educación pública, medicina socializada, nacionalización de la política económica, drástica liquidación del congelamiento social impuesto por el imperialismo estadounidense y la oligarquía santiaguina, hermandad inquebrantable con los paises vecinos y latinoamericanos en general: son todas necesidades inmediatas del  pueblo chileno.
Por ahora, solo una de ellas está planteada. El resto, irán cayendo  por su propio peso.

CONVOCAMOS AL PUEBLO ARGENTINO A VOTAR POR CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER EN LAS ELECCIONES "PRIMARIAS" DEL 14 DE AGOSTO

DECLARACIÓN DE LA MESA NACIONAL DE CONDUCCIÓN DEL PARTIDO PATRIA Y PUEBLO - SOCIALISTAS DE LA IZQUIERDA NACIONAL.

El 14 de agosto se celebrarán elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias para definir quiénes serán, en definitiva, los candidatos a cargos nacionales en todo el país en los comicios de octubre. En las actuales condiciones, esta compulsa se ha convertido, de hecho, en una “primera vuelta” anticipada. Esto obliga a dejar de lado, por el momento, cualquier reparo que se pueda tener a esta innovación en los procedimientos electorales argentinos. Lo que corresponde es encarar la situación política en que se enmarcan.

Los resultados de la Capital Federal y de Santa Fe ¿permitieron? al bloque antinacional montar una ofensiva argumental y mediática cuyo objetivo es desmoralizar a los partidarios de la radicalización y profundización del rumbo encarado en 2003, y debilitar electoralmente, ante todo, a la candidata a la Presidencia Cristina Fernández de Kirchner. Según sea la combinatoria revelada por las “primarias” se corre el riesgo de que el campo librecambista y antiindustrialista gane un importante terreno en su empeño por revertir la política argentina en dirección a los 90.

Las “primarias” pierden así su carácter “interno” y la votación se convierte en un escalón de las elecciones nacionales. Solo la masividad de un voto hacia la candidatura de Cristina Kirchner durante las primarias puede demoler ese intento. Como lo vienen revelando las sucesivas compulsas adelantadas, el sistema heredado de partidos políticos se ha alejado tanto de las clases sociales reales que las diversas denominaciones empiezan a carecer de sentido. Para Patria y Pueblo estas primarias abiertas deben constituirse en una herramienta para iniciar, apenas se tengan los datos en la mano, la recomposición de la representación política concreta de un frente nacional que dé cabida a las múltiples expresiones de apoyo al rumbo seguido desde 2003.

Este frente nacional no puede ser una nueva versión de la “transversalidad” electoral, que persigue el imposible objetivo de amalgamar proteccionistas y librecambistas, industrialistas y agraristas, revolucionarios y retrógrados, en suma, en un común espíritu “democrático” y “progresista”. La experiencia con intentos previos nos exime de mayor comentario. La experiencia reciente demuestra que tampoco se lo puede recomponer verticalmente. El frente nacional que la Argentina necesita para radicalizar y profundizar el rumbo de 2003 se debe construir “desde arriba” y también “desde abajo”, desde el Palacio hasta el ultimo rancho, en las cámaras y en las calles. Todas las clases sociales cuyo interés objetivo lleva a enfrentar el librecambismo desindustrializador tienen que encontrar cabida, expresión organizativa y derecho a su voz propia en esta nueva confluencia. Profesionales, asalariados, pequeños y medianos empresarios del campo y de la ciudad, intelectuales comprometidos con su pueblo, no se encuentran representados hoy cabalmente por ninguna de las alternativas que se les proponen. Ni siquiera por las más dispuestas a darles cabida.

La acción concreta de la política, aún la que se ejerce con excelente orientación desde esferas directamente vinculadas con este gobierno que cuenta con todo nuestro apoyo, conspira a veces contra este objetivo. No pocas veces las masas argentinas se han encontrado con prácticas desmovilizadoras, y la timidez en la adopción de ciertas medidas de hondo carácter nacional y popular pone otras veces en riesgo los logros de otras, más audaces. La aglutinación del campo plebeyo, por el contrario, se da sobre la movilización contra quienes se oponen a sus grandes objetivos y la audacia en la adopción de las medidas orientadas a consolidarlos.

La garantía última de este rumbo, y por lo tanto el eje en torno al cual debería organizarse este frente nacional, son los trabajadores, en “blanco” o en “negro”, integrados a la actividad económica o aún excluidos de la misma, manuales o intelectuales, urbanos o rurales. “Profundizar” significa por lo pronto industrializar (especialmente reconstruir la base de industria pesada), fortalecer el Estado, liquidar la dictadura del sector financiero impuesta desde 1977, disciplinar al empresariado para que invierta sus ganancias en sentido de patria o, en caso de ser necesario, suplantarlo directamente con la intervención del Estado en aquellas áreas estratégicas que se niega a desarrollar.

Creemos que la idea de que el sector privado es el mejor generador de riqueza imaginable no tiene base realista y, en la Argentina, puede tener consecuencias fatales para el rumbo iniciado por el Dr. Néstor Kirchner. También nos preocupa la perduración sin crítica de las consecuencias del pacto político de Olivos, que cuajó en el pacto jurídico de la dependencia expresado en la Constitución de 1994. Más allá de asuntos accesorios, esa constitución se caracteriza por la abrogación tendencial de la soberanía argentina y la destrucción del Estado Central. Conspira, por lo tanto, contra la profundización del rumbo encarado a partir de 2003.

El primer escalón en la reconstrucción del frente nacional, entonces, es la afluencia masiva de los ciudadanos de las más diversas filiaciones políticas para emitir un voto favorable a Cristina Fernández de Kirchner en las “primarias”. Patria y Pueblo convoca al pueblo argentino a emprender este nuevo camino, sin temores ni vacilaciones, para asegurar que en las elecciones del 23 de octubre se inicie una nueva era en nuestro país.

Republica Argentina, Agosto de 2011


Mesa Nacional de Conducción:
Néstor Gorojovsky, Secretario General

Bailón Jerez, Juan María Escobar, Rubén Rosmarino, Hugo Santos, Pablo López, Gustavo Battistoni, Lorena Vazquez