SALIÓ PYP NRO 37!


El aluvión de votos de las primarias y las presidenciales había levantado una muralla contra las aspiraciones del estáblishment. Los candidatos de la oposición se habían revelado incapaces de enhebrar una estrategia común que presentase una batalla digna al Frente para la Victoria. Entre gruñidos y rugidos, lo admitían hasta esos grandes medios que los habían asesorado (ayudándolos quizás al descrédito que los dejó fuera de juego).

UNA ÁRIDA Y EFÍMERA ESPERANZA ANTINACIONAL

Las declaraciones de Hugo Moyano en el estadio de Huracán hicieron las delicias de la gran prensa y la colmaron de esperanzas ¡Se abría de una buena vez la tan soñada brecha en el muro! ¡Al fin se terminaba la árida sequía del 54%! Quizás, se esperanzó el bloque antinacional, los duros planteos del líder de los camioneros podrían servir a los fines del estáblishment con mayor eficacia que esa comparsa derrotada. El ejército de ocupación espiritual no tardó un segundo en adaptarse a la novedosa situación. Comandado por“Clarín” y “La Nación” invistió al hasta entonces horripilante camionero con virtudes propias de un galán de cine.
Allá ellos. La maniobra es tan burda que no podrá crear, como pretende, una cuña insalvable entre la conducción de la CGT y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Antes bien, ayuda a mantenerlos del mismo lado. Pero si bien la crisis no tiene ese sentido, eso no implica que carezca de sentido alguno.
Las palabras de Moyano dejaron en claro que sí existen diferencias en el seno del movimiento nacional. Y esas diferencias, con ser perfectamente negociables, no dejan de plantear, objetivamente, asuntos de indiscutible importancia que hacen a la continuidad y profundización del rumbo iniciado en 2003.

RIESGOS

Después del discurso en Huracán, en vastos sectores del movimiento nacional se instaló un clima de inquieta expectativa. No sería la primera vez que una disputa interna termina preparando una derrota futura. Es fundamental que se encuentren caminos de acuerdo para impedir que esto suceda.
Esta brecha -más allá de los esfuerzos por ahondarla (que no vienen solamente desde la prensa oligárquica)- puede resultar nefasta si termina con la conducción del movimiento obrero en una vereda y el gobierno y las estructuras políticas sobre las que se apoya en otra. Esto es difícil, dadas las reiteradas definiciones del propio Hugo Moyano (y recientemente de Facundo Moyano) sobre este tema. Pero que sea difícil no significa que sea imposible.

ELECCIONES, MOVILIZACIÓN DE MASAS Y MOVIMIENTO OBRERO

La raíz del problema es la siguiente: si algo enseña la historia argentina es que las victorias electorales no alcanzan para someter a la voluntad general a las clases dominantes interesadas en profundizar la deformación, el atraso y la dependencia estructural de la Argentina. Para ellas, la derrota electoral no es más que la señal de desensillar hasta que aclare, mientras se hace una paciente labor de zapa.
Baste pensar en la “125” y el largo período preparatorio que la antecedió, durante el cual hasta el Presidente de la Sociedad Rural Argentina recorría, como cualquier militante de base, cuanta reunión agropecuaria podía servirle para destilar veneno contra el gobierno kirchnerista. Los triunfos electorales no alcanzan: hay que sostenerlos en las calles.
Y la palanca primaria para ello, sin desdeñar otras instancias, sigue siendo por ahora el movimiento obrero, más allá de todas las críticas que puedan hacérsele en relación al modo en que ejerce ese rol. Esto se hace mucho más claro aún cuando, como consecuencia de las transformaciones producidas por un proyecto industrialista, el peso social y político de la clase trabajadora se incrementa... y el bloque antinacional percibe que sus privilegios y su poder se corroen.

GOBIERNO Y SINDICATOS EN LA ARGENTINA SEMICOLONIAL

El movimiento obrero no gobierna, es cierto. El apoyo a un representante sindical no se traduce automáticamente en apoyo electoral. Pero, por lo dicho arriba, sin el movimiento obrero un gobierno nacional y popular se debilita peligrosamente frente a los enemigos de la Patria. Está en el interés del propio gobierno que ese movimiento obrero se fortalezca y tenga vida y apoyo propio, independiente de la conducción vertical del Estado.
En la actual coyuntura argentina, esto pone más de relieve que nunca la necesidad de que se fortalezca incluso contra la tentación de someterlo a la necesidad más o menos pasajera del poder político. Los reclamos de Hugo Moyano, lejos de debilitar al gobierno (como desea la reacción antinacional), deberían servir para fortalecerlo.
Mas para ello, es importante que haya un diálogo entre el gobierno y el movimiento obrero. Se suele decir que una cosa son los intereses de los trabajadores y otra los de sus dirigentes. Pero esta es una afirmación engañosa. Salvo algunos casos verdaderamente patológicos (como por ejemplo el de José Pedraza), los dirigentes de los trabajadores tienen representatividad reivindicativa real.
Esto, innegablemente, sucede con Hugo Moyano, cuya trayectoria sindical le ha ganado un gran respeto en el mundo de los trabajadores y un odio equivalente fuera de él. En ese peso propio reside, precisamente, su capacidad de apoyar al gobierno. Quítesele ese criterio independiente y se habrá quebrado una de las patas de sustentación del gobierno nacional y popular.

VIEJAS RENCILLAS Y NUEVAS DIFERENCIAS

No se puede negar que, como decía recientemente Enrique Lacolla, “hay toda una parafernalia de resquemores, resentimientos y sospechas que avivan el conflicto. El “setentismo” de muchos integrantes del actual gobierno, la incapacidad para elaborar el duelo que deriva de la terrible experiencia de esos años, una desconfianza visceral que deviene del odio hacia la “burocracia sindical” que alentaba en sectores de las formaciones armadas y la Jotapé y que tal vez no era otra cosa que el trasvasamiento inconsciente de la sorda antipatía de los hijos de clase media hacia el “negraje”, son factores que pueden estar enturbiando el panorama actual.” (“Empezando con mal pie”, artículo del 17 de diciembre de 2011).
Pero estos factores subjetivos se apoyan además en una divergencia que no por estar inscripta en los mismos objetivos generales es disimulable, y que debe atacarse frontalmente cuanto antes. La discrepancia gira en torno al sentido de la necesaria profundización del modelo implantado a partir de 2003. Es esa divergencia la que brinda a buena parte de los reclamos estrictamente sindicales del discurso de Huracán el carácter inquietante que, tomados en sí mismos, no deberían tener.

UN EJEMPLO REVELADOR

Tómese por caso el que, quizás, resulte menos comprendido por el gran público (al que se le ocultan, por lo demás, elementos de juicio fundamentales para entender la disputa). Se trata de la reforma del régimen laboral agrario. Causó sorpresa, en efecto, ver a los diputados “sindicales” negarse a apoyar esta reforma, que es por supuesto un paso adelante en relación a la legislación heredada del régimen de Martínez de Hoz y Jorge Rafael Videla. Pero esa negativa tenía un motivo, y nada menor.
Se recordará que Mariano Ferreyra fue asesinado por combatir la tercerización en la actividad ferroviaria. La respuesta del movimiento obrero fue un proyecto de ley, presentado por el entonces diputado Julio Piumato, por el cual se establecía que los trabajadores de esas seudoempresas deberían percibir el salario del convenio más alto del sector donde se desempeñasen. De este modo se hería de muerte la tercerización, y se establecía además el principio de “norma más favorable”. Ese proyecto, contra todas las expectativas de los representantes del movimiento obrero, terminó durmiendo el sueño de los justos en un cajón del Senado.
Este criterio estaba incorporado al proyecto Recalde sobre el trabajo rural, que además incorporaba a los trabajadores rurales al régimen de la Ley de Contrato de Trabajo y no existe en el proyecto oriundo del Ejecutivo que finalmente se aprobó. El proyecto oficial, en cambio, quita al sindicato el derecho a administrar una bolsa de trabajo y a ejercer el poder de policía laboral. La bolsa de trabajo, desde el Estatuto del Peón en 1944, ha sido el punto de apoyo de cualquier reivindicación de los trabajadores rurales, y el ejercicio sindical de la policía laboral, independientemente de las características de la actual conducción del sindicato UATRE,es la única garantía de verificación real del cumplimiento de las normas laborales porque el Ministerio de Trabajo no tiene (ni tendrá en el futuro previsible) un sistema de inspección laboral que pueda suplantar al del RENATRE.

NEODESARROLLISMO

Lo que está en discusión, como se ve, no es el manejo de “caja” del sindicato (por más que el proyecto oficial tenga la consecuencia implícita, y quizás la intención, de debilitar financieramente a UATRE) sino la oportunidad misma de ejercer un derecho consagrado por la propia ley que se acaba de aprobar. Y no cualquier derecho, sino el más elemental de todos los asegurados por la norma.
Análisis parecidos se podrían hacer en todos los demás reclamos (y en otros planos que ni siquiera figuraron en el discurso de Huracán). Pero creemos que basta con el ejemplo del trabajo rural porque precisamente parecería el menos “defendible”. Es que, en general, diversas medidas oficiales de los últimos tiempos tienden a hacer pensar que en previsión del inminente impacto de la creciente crisis mundial, el gobierno argentino, sin modificar su rumbo general, busca llegar a acuerdos de gobernabilidad con las diversas fracciones del capital y refuerza la apuesta a la creación de una “burguesía nacional” como mecanismo para avanzar en la profundización del modelo. La “domesticación” de un movimiento obrero demasiado rebelde parecería ser, desde el punto de vista de la dirigencia más leal y combativa, una consecuencia de esos acuerdos.
El discurso de Moyano implica que, desde el punto de vista del movimiento obrero, la profundización del proyecto nacional burgués de la década 1945-1955 no puede darse retrocediendo hacia una forma actualizada de neodesarrollismo. Planteo atinado, ya que las crecientes dificultades y el derrumbe final del desarrollo económico argentino entre 1955 y 1975 son atribuibles también a la ilusión desarrollista de que la libre empresa, la apertura del sector manufacturero a la competencia internacional y la inversión extranjera directa podían sustituir (y no complementar) el plan, el monopolio del comercio exterior y la intervención directa del Estado en la economía.

EL DILEMA: EMPRESARIADO, ESTADO Y TRABAJADORES

El problema en modo alguno se reduce a la cuestión sindical. El empresariado, especialmente su capa superior (las 500 mayores empresas argentinas son, abrumadoramente, de propiedad extranjera), no solo es poco confiable en los momentos de prueba. En los mejores instantes, como la propia Presidenta lo hizo notar repetidamente, solicita subsidios mientras envía divisas al extranjero, “forma precios” para rebañar para sí los beneficios salariales que el Gobierno ofrece a la población, y obtiene espectaculares ganancias mientras mantiene planchados los ingresos de los asalariados.
El “éxito” representado por el fortalecimiento del “buen capitalismo” de de Mendiguren es ilusorio. Frente a la noche que siempre pretenden imponer los grandes capitales que dominan la economía argentina, de Mendiguren es tan impotente como un fósforo para alumbrar el océano Atlántico. Es perfectamente comprensible, desde el punto de vista táctico, que el gobierno nacional desee tomar medidas que nos permitan afrontar bien plantados los sacudones y remezones, y que entre esas medidas se encuentren acuerdos con los sectores dominantes del empresariado. Pero, ¿alcanzará con Guillermo Moreno para asegurar su cumplimiento? No sería acaso mejor poner a ese mismo empresariado ante la perspectiva de una profundización de la incidencia del movimiento obrero para garantizar su buena conducta?
En un país cuya economía se ha extranjerizado espectacularmente después del videlato y del menemato, todas estas son cuestiones de soberanía. Los trabajadores no pueden evadir divisas. No necesitan que nadie los convenza, eduque o reforme para ello. Su patriotismo forma parte de las condiciones mismas de su existencia. Quienes operan para despegar a la Presidenta del movimiento obrero, lo sepan o no, actúan en nombre de las más peligrosas corporaciones que operan en nuestro país. Estamos ante una seria disputa dentro del movimiento nacional. Es necesario resolverla con cuidado y sin caer en provocaciones.
Caso contrario, la Argentina bien puede estar perdiendo nuevamente una oportunidad histórica de llevar a cabo su revolución nacional. El movimiento nacional se pone a prueba. De la madurez que demuestre en la discusión de estos asuntos dependerá buena parte de lo que ocurra en la Argentina de los próximos años.

[Instituto Manuel Dorrego] Patria y Pueblo sobre la creacion del instituto historico

1. El Partido Patria y Pueblo-Socialistas de la Izquierda Nacional, felicita al gobierno nacional, a la Secretaría de Cultura y a los promotores del instituto de historia revisionista iberoamericana Manuel Dorrego por la coronación institucional de sus esfuerzos con el decreto presidencial 1880/2011.

Un Instituto como el Dorrego puede llenar un espacio imprescindible en estos momentos de reconstrucción del frente nacional. La misma debe tener lugar tanto en el plano de los hechos materiales como en el de la conciencia histórica y social de los argentinos.

2. Patria y Pueblo apoya a los autores de la iniciativa en contra del ataque furioso y unánime que recibieron desde la "historia social", un neomitrismo que viene dominando amplia y corporativamente las instituciones de investigación histórica de nuestro país desde el fin del régimen militar-oligárquico de 1976-1983 e incluso participó del rediseño curricular respectivo encarado por dicho régimen en 1980.

3. Sin embargo, observa que por el mismo decreto de fundación del Instituto se le designa como Presidente al Dr. Mario "Pacho" O'Donnell, admirador del principal historiador del campo antinacional (y númen secreto de quienes ahora atacan al Instituto Dorrego), el General Bartolomé Mitre.

Apenas estrenado en su nuevo cargo, el Dr. O'Donnell consideró, en el diario "La Nación", que la figura del General Bartolomé Mitre era "maravillosa", y posteriormente reiteró esa opinión por múltiples medios de comunicación.

Aprovechó la misma ocasión para destacar como un rasgo positivo de la institución que presidía el hecho de que contuviera partidarios de las ideas de la Izquierda Nacional, pero solo si eran peronistas.

Seguramente esto último explica que el decreto de su creación excluyera historiadores y divulgadores de la talla de, por no dar sino tres ejemplos, León Pomer, Roberto Ferrero y Norberto Galasso. Esta ausencia no puede suplantarse con invitaciones a incorporarse, posteriormente, como miembros de número.

4. La filiación historiográfica del Dr. O'Donnell es particularmente incompatible con una de las obligaciones del Instituto que preside, el otorgamiento del premio "Jorge Abelardo Ramos". Toda la obra de Ramos está plagada de invectiva y probanzas en contra de Bartolomé Mitre. A mero y escueto título ejemplificativo, diremos que en la última edición (Peña Lillo / Continente) de su obra cumbre, la "Historia de la Nación Latinoamericana" (con palabras preliminares de Víctor Ramos y Jorge Coscia), Ramos define a Mitre como:

"Semidiós del Parnaso oligárquico" (página 27), "historiógrafo del separatismo porteño" (p. 211), "historiador cuasi mítico de la oligarquía argentina y de sus aliados de izquierda y derecha" (p. 236), "subyugado por las "luces europeas"" (251), y "tan incapaz de matar ideas como de crearlas" (p 281).

Lo caracteriza también como hombre de la burguesía comercial probritánica (p. 207) y por lo tanto profundamente adverso a la unión latinoamericana (236), precursor de los historiadores ingleses en la injuria contra Artigas (213), separatista enemigo del unificador Bolívar, y expresión del criterio de la "historia porteña oficial" frente al Congreso Anfictiónico, mientras que "los grandes argentinos, como Monteagudo y Dorrego, son bolivarianos"  (236/237).

Más grave aún, Mitre era "en su librecambismo ortodoxo, su odio a Bolívar y a los gauchos, su respeto lacayuno por los embajadores de las cortes europeas" (281) un equivalente de Rivadavia. Téngase en cuenta que los fusiladores de Manuel Dorrego fueron, justamente, unitarios rivadavianos.

Dado el carácter iberoamericano del Instituto que preside el mitrista O'Donnell, cabe recordar finalmente que para Jorge Abelardo Ramos, "la unidad americana del mitrismo porteño era la unidad en la tumba" (281).

De hecho, toda la obra historiográfica y política de Jorge Abelardo Ramos es un combate inclaudicable contra el mitrismo al que el Dr. O'Donnell adscribe.

5. En síntesis, la presidencia del Dr. O'Donnell involucra al Instituto Manuel Dorrego con quienes promovieron el fusilamiento del prócer que pretende homenajear y termina de coronarse con el carácter francamente discriminatorio de sus declaraciones al diario "La Nación" sobre la composición del Instituto.

Esperamos que las autoridades correspondientes sepan subsanar este error a la brevedad posible, ya que tal como decía Jorge Enea Spilimbergo, la reconstrucción ideológica y doctrinaria del frente nacional exige señales claras de cuál es el rumbo que se está siguiendo.

Republica Argentina, 6 de diciembre de 2011

Mesa Ejecutiva Nacional:
Néstor Gorojovsky, Secretario General
Bailón Jerez, Juan María Escobar, Rubén Rosmarino, Hugo Santos, Gustavo Battistoni, Pablo López, Silvio Zuzulich, Edgardo Sánchez, Jacinto Paz, Lorena Vazquez

DECLARACION - La CELAC en la senda de la Reunificacion de la Patria Grande

Patria y Pueblo vive con gran alegría la constitución de la CELAC y se considera convocado a colaborar en la materialización del enorme desafío que implica la propuesta de reunificar la Patria Grande.

La reunión de la CELAC es un nuevo Congreso Anfictiónico, esta vez sin intervención de potencias extrañas a Nuestra América, que retoma la gesta de los grandes emancipadores y en especial la del más grande de todos, el caraqueño americano Libertador Simón Bolívar.

En la propuesta venezolana aparecieron explícitamente las mejores páginas de Jorge Abelardo Ramos, un acontecimiento que los socialistas de la Izquierda Nacional no podemos sino considerar también, en plena justicia, el ansiado resultado de nuestros desvelos de largas décadas.

La propuesta de la CELAC empieza a poner en marcha las tesis estampadas en ese trabajo genial. La unidad de los países de América Latina, el "nacimiento de un gigante" al decir del Presidente Hugo Chávez, se ha convertido por fin en un objetivo compartido por los mandatarios de los 33 países latinoamericanos y caribeños, sin distinción de ideologías e incluso por encima de los estrechos  intereses de algunos de los sectores sociales en que se apoyan algunos de ellos.

Un interés superior, el interés de la protección de Nuestra América frente al desastre del sistema mundial en caída libre desde 2008, empujó a los más remisos. Y el mismo interés superior empujó a los más entusiastas a abrazar a los primeros y a acompañarlos en su camino.

De resultas de esa convergencia, el 3 de diciembre de 2011, a sesenta años exactos del deceso del gran precursor, el socialista latinoamericano Manuel Ugarte, cayeron las barreras ideológicas entre los gobiernos del vasto mundo que se extiende desde el Río Bravo hasta el Polo Sur. De este modo empieza la respuesta definitiva de los latinoamericanos al fracaso inevitable del intento recolonizador de la globalización neoliberal que alcanzó su punto máximo durante la década de 1990.

Una ola de descontento masivo que encontró sus más altas expresiones en los alzamientos argentino y boliviano de 2000 y 2001 permitió abrir un nuevo rumbo que, ante todo, llevó a desmontar las maquinaciones imperialistas en Mar del Plata en 2005. Hoy los Presidentes y Primeros Ministros de la Patria Grande iniciaron el trazado de una ruta que solo puede culminar exitosamente con la unificación gran nacional de todos nuestros países en la "nación de patrias" por la que lucharon los grandes libertadores.

Patria y Pueblo, el partido de los socialistas de la Izquierda Nacional en la Argentina, se suma a la alegría de los buenos patriotas por estos acontecimientos históricos, que ahora corresponde consolidar. No se trata, en efecto, de lanzar grandes declaraciones, ni de generar una organización formal desasida de las necesidades concretas, una de "repúblicas aéreas" que tanto temía Bolívar.

Ahora corresponde asegurar lo obtenido contra las intrigas que tramarán las potencias imperialistas, viejas enemigas de nuestra unificación. Estamos en el instante histórico en que hay que forjar los cimientos de esa Patria Grande que, otra vez, está llamada a ser un ejemplo para las naciones.

Republica Argentina, 5 de diciembre de 2011

Mesa Ejecutiva Nacional:
Néstor Gorojovsky, Secretario General
Bailón Jerez, Juan María Escobar, Rubén Rosmarino, Hugo Santos, Gustavo Battistoni, Pablo López, Silvio Zuzulich, Edgardo Sánchez, Lorena Vazquez

NUESTRO REPUDIO ANTE EL ASESINATO DE CRISTIAN FERREYRA

El Partido PATRIA Y PUEBLO – Izquierda Nacional repudia el asesinato del compatriota Cristian Ferreyra, integrante del Mocase-VC, a mano del sicario que actuó bajo las órdenes del empresario sojero J. Cicioli, exigiendo el inmediato juicio y encarcelamiento de ambos.
El crimen del compatriota ha puesto en escena una problemática que no es económica, sino profundamente social, cuyos orígenes podemos rastrearlo en el despojo del que fueron objeto los aborígenes desde la época colonial y cuyos descendientes hoy forman parte de la legión de desterrados de su propia tierra.
Dado la naturaleza de éste conflicto, su resolución no se llegará por la vía judicial, lo cual ha quedado demostrado a lo largo de los años de deambular por los estrados judiciales sin encontrar respuesta legal y mucho menos justicia. Los conflictos vinculados a la posesión de la tierra imponen una resolución política integral que en lo inmediato suspenda todos los desalojos y restablezca la efectiva posesión de la tierra por parte de los campesinos.
Como correlato a la cuestión social del despojo de la tierra, aparece la deforestación y la devastación ecológica que acarrea, poniendo en evidencia la falta de aplicación por parte del Estado, de las medidas contempladas para la protección de los bosques. Esto último trae como consecuencia que sean los propios campesinos los que protejan el patrimonio común de los argentinos, a costa de sus vidas.
Por último, y no por ello la cuestión menos grave, el episodio ha evidenciado la presencia de grupos armados que amenazan y amedrentan campesinos y que las autoridades deben desarmar de forma inmediata, restableciendo en las zonas rurales el Estado de derecho.

Buenos Aires, 28 de Noviembre de 2011

LIBIA: EL ASESINATO, UNA NUEVA NORMAL UNIVERSAL


El Partido Patria y Pueblo condena el último acto de salvajismo cometido por el imperialismo contemporáneo, el asesinato de Muammar Gadafi, y denuncia que con este crimen se ha declarado que la única  ley válida en el escenario mundial es la Ley de Lynch. Quien se les oponga deberá recordar que no tienen límite moral en su lucha a favor de la acumulación del capital, y que el 20 de octubre de 2011 la humanidad ha descendido varios escalones en el camino hacia el infierno.

Las fuerzas de las potencias imperialistas han asesinado, tras capturarlo vivo, al hombre que había sacado a Libia de la barbarie semicolonial, le había enseñado a su país lo que significaba la dignidad, había brindado al pueblo libio el índice de desarrollo humano más alto de África, había extraido agua del desierto y creado vergeles en las arenas, y mantenía el control nacional del excelente petróleo norafricano.

En un derroche de incalificable impudor, sus agencias de noticias, que ocultaron cuidadosamente todos los crímenes de guerra que culminó con este acto de monstruosa bestialidad, muestran las imágenes del crimen con tanta fruición como antes inventaron pretextos para justificar la cobertura "legal" de la salvaje invasión y colaboraron en la caída de Trípoli creando un escenario ficticio donde "informaron" que sus perros de presa habían tomado la capital de Libia.

Cae con Gaddafi el último representante vivo de la ola de   alzamientos semicoloniales que se inició en la Argentina el 17 de octubre de 1945,continuó por Asia Oriental y culminó con la liberación de las colonias portuguesas en 1975. A partir de este año una oleada contrarrevolucionaria a nivel mundial ensangrentó al Tercer Mundo y logró derrumbar la Unión Soviética, el único poder medianamente equilibrante que forzaba a las burguesías imperialistas a cuidar al menos algunas formas en su explotación inmisericorde del mundo colonial y semicolonial.

Ese derrumbe marcó el inicio de una marcha retrógrada que tiende inexorablemente a retrotraer al gènero humano a las condiciones imperantes en 1910. A cien años de la Revolución de Octubre, cae en Libia una de sus últimas repercusiones históricas. Tomen cuenta de esto todos los pueblos del mundo oprimido y también las masas de Europa Oriental, Eurasia y China cuyas dirigencias pretenden, sin lograrlo, incorporarse a un mundo imperialista que cierra las puertas de la civilización a cinco de cada siete seres humanos, y empuja al desempleo a crecientes masas de habitantes del propio centro metropolitano.

Muammar Gaddafi fue asesinado tras haber sido herido y capturado. Se trata de una violación a todas las normas del derecho y de una burla de las peroradas verdades "democráticas" y la "defensa de los derechos humanos" en cuyo nombre se perpetran todos estos crímenes. La defensa de los DDHH, en manos de los países imperialistas y sus socios menores, equivale a la cruzada asesina de la "civilización" contra la "barbarie" que justificó la infame expansión colonialista de los siglos XIX y XX.

En un crescendo de violencia y descontrol autocomplaciente, las potencias imperialistas han pasado al linchamiento tras permitir la muerte de Slobodan Milosevic por falta de atención médica y luego ahorcar a Saddam Hussein tras un falso juicio donde fueron  asesinados todos los abogados que se atrevían a defenderlo. Doble vergüenza en este caso, porque la partida de linchadores está presidida por Barack Obama, un hombre de piel negra que, por motivos de mercadotecnia,llegó a presidir el país que solía colgar de los árboles a los negros rebeldes.

En tiempos como éstos, parece que el género humano carece de destino. Pero las masas oprimidas tendrán la última palabra y enseñarán a los criminales lo que significa la justicia. Es el destino que les espera cuando toda la bestialidad que despliegan termine enfrentando la revolución que terminará con ellos.

ANTE LAS ELECCIONES NACIONALES DE 2011

El 23 de octubre de 2011, el partido Patria y Pueblo - Socialistas de la Izquierda Nacional, votará por la continuidad de la actual Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y por sus candidatos legislativos nacionales. Más de la mitad del pueblo argentino decidió en las primarias que se fortalezca la soberanía nacional, se acelere la construcción de una Patria Grande sudamericana, crezca la independencia económica y se profundice la justicia social.

No se trata en esta elección de "equilibrar" al Ejecutivo por medio del Legislativo, sino de contrarrestar con un manejo fluido del Estado y el protagonismo central de los trabajadores la prepotencia de los poderosos y los aprietes de las Embajadas imperialistas.

Los desafíos que enfrenta el gobierno nacional son inmensos. Necesita un Parlamento que salga del bochorno a que lo llevó la seudo mayoría opositora, y ello solo será posible si cuenta con la mayor cantidad de legisladores a su favor. Esto significa que un Parlamento donde la oposición tenga capacidad de "control" se convertirá en garantía cierta de "descontrol". Para impedirlo, hay que votar a la Presidenta y a los legisladores de su partido. Al desorden retrógrado debemos oponer el orden dinámico de una profundización revolucionaria del rumbo iniciado en 2003.

La fuerza impulsora del gobierno que se inicia con Néstor Kirchner (y el sustento profundo de sus políticas) es la movilización de masas del 19 y 20 de diciembre, que barrió del panorama político inmediato al conjunto de las posiciones que se entongaron en el opositor “Grupo A”. Hoy, esa fuerza impulsora, requiere una consolidación institucional definitiva.

El modelo de 2003 no solo debe profundizarse, tiene que ir a la raíz de los problemas. En 2012 habrá que plantearse la progresiva eliminación de todos los factores parasitarios que, amparados en una legislación tramposa fraguada en medio siglo, pretenden por todos los medios impedir que se desplieguen las inmensas capacidades productivas de la Argentina.

Ya hemos visto con la 125 que, para oponerse a un aumento de aranceles aduaneros, fueron capaces de intentar el derrocamiento de Cristina Fernández de Kirchner. Ahora, que la apuesta tiene que ser necesariamente más audaz, democrática y plebeya, tenemos que esperar una reacción de máxima violencia institucional, especialmente si ante una eventual defección de los sectores más conservadores del campo nacional el Estado se ve obligado a intervenir en las áreas más dinámicas de la producción y la economía.

En un mundo en crisis, donde vemos a las grandes potencias quebrar todas las reglas de la convivencia y la jurisprudencia internacional en nombre de mentidos "derechos humanos", hay que ganar en las elecciones para defender la Patria y los derechos humanos reales. El primero, es el derecho a decidir los destinos del propio país sin interferencias ajenas.

Esto no lo entiende ni siquiera el mejor de los candidatos de la oposición a CFK. Es, por lo tanto, incoherente apoyar a la Presidenta en tamaña tarea sin, al mismo tiempo, darle la posibilidad de contar con un Congreso que le permita aprovechar completamente todas las herramientas jurídicas de las que dispone.


Desde las últimas elecciones legislativas, hemos visto cuán mezquina es la oposición parlamentaria. En dos años, el Congreso de la Nación que "controla" mediante acuerdos sin principio, no hizo otra cosa que chicanear, paralizar y prestarse a operaciones mediáticas a gusto de los poderosos sectores partidarios del atraso nacional y el sometimiento a los centros financieros mundiales.

SALIÓ PYP NRO. 35!

EDITORIAL POR NESTOR GOROJOVSKY

Cristina Fernández de Kirchner obtuvo más del 50% de los sufragios en las internas abiertas, y restableció su centralidad en el tablero político argentino.

Las “primarias abiertas, simultáneas y obligatorias” fueron, como anticipábamos en nuestra editorial del número anterior de PATRIA Y PUEBLO, una verdadera primera vuelta presidencial. En esa nota instábamos a todos los argentinos a tomarlas de este modo y, por lo tanto, a utilizarlas para reafirmar la candidatura presidencial de CFK ante el vendaval erosionante que los grandes medios habían desatado a partir de varios resultados adversos en importantes elecciones locales.

No creemos, ni por un segundo, que esa exhortación haya sido el motivo fundamental del resultado, por supuesto. Pero sí creemos, en cambio, que con ese llamamiento los socialistas de la Izquierda Nacional supimos sintonizar el sentimiento común de la mayoría de los argentinos. Y algo, además, habremos ayudado, con seguridad, a consolidarlo.

La segunda consecuencia de esas elecciones fue que la candidatura de Cristina Fernández se convirtió, además, en una muralla defensiva alzada voto a voto contra los diversos candidatos dispuestos a atrasar el reloj y retornar a la miseria profunda de las últimas décadas del siglo XX.

UN VOTO EN DEFENSA PROPIA

Esa mayoría electoral es, ante todo, un rotundo “no”, a la propuesta imperialista de reorganizar nuestra economía como apéndice primario agroexportador, desindustrializado, del centro metropolitano. Es un rotundo “no” a la ambición oligárquica de rapiñar hasta el último centavo de la renta diferencial de que disfruta desde que se adueñó de esa riqueza colectiva de los argentinos que es el suelo de la Pampa Húmeda. Es un rotundo “no” a que los esfuerzos del conjunto del pueblo para mantener una paridad cambiaria protectora caigan, sin límite, en los bolsillos de un empresariado desinteresado de la capacidad de consumo de sus propios trabajadores.

Es, también y entonces, un rotundo “no” a que el mercado interno argentino y los ingresos de la población sean variable de ajuste para solventar la crisis mundial. Es un rotundo “no” al retroceso en el camino de reunificación sanmartiniana y bolivariana de América Latina. Es un rotundo “no” a la subsidiariedad del Estado, a la dictadura económica, social y política de los monopolios privados, al sometimiento de la Argentina a necesidades ajenas a las de su propio pueblo. Es un rotundo “no” al cipayismo intelectual, y una forma de autorreconocimiento contra la dictadura feroz de los colonizadores mentales. Es un rotundo “no” a la destrucción de las estructuras educativas, de salud pública o previsionales, de la Nación.

Es un rotundo “no”, en fin, a todo intento de reinstalar en la Argentina las funestas orientaciones de gobierno heredadas del largo ciclo de hegemonía oligárquica iniciado en 1955. Como alguien dijo por ahí, al apoyar a Cristina Fernández, los argentinos votamos “en defensa propia”.

LA NEGACION AFIRMATIVA

A cada “no” le corresponde un “sí”: economía industrializada, apropiación colectiva de al menos parte de la renta diferencial pampeana, tipos de cambio diferenciados acorde con las productividades relativas de las diversas ramas de la economía, aumento de la porción de la riqueza que se convierte en salarios y servicios a los sectores más humildes, blindaje contra la crisis planetaria, creciente unidad latinoamericana en todos los órdenes, control y direccionamiento estatal de los sectores concentrados, reafirmación cultural, inversión pública creciente y en particular en educación, salud y seguridad social. Y muchos más: desarrollo científico independiente, rescate de inteligencia emigrada en el período anterior, sustitución de importaciones, aumento del parque habitacional, son algunos ejemplos.

La dimensión de esta negación afirmativa se revela también en otros dos hechos de masas, que forman el marco social en el que terminó por dirimirse esta elección. El éxito formidable de la muestra Tecnópolis (que ya supera los dos millones y medio de visitantes, o sea dos millones y medio de sopapos contra el tilingo de Mauricio Macri, ingeniero que no quiere un país para ingenieros y se negó a albergarla el año pasado argumentando que “entorpecía el tránsito”) se contrapone a la languidez de invierno histórico que acalambró a los dirigentes económicos, gremiales y políticos que se congregaron, mustios, en la Exposición Rural que, en el predio malhabido de Palermo, a gatas si juntó un cuarto de millón de visitantes.

Finalmente, y pese a que muchas veces la cosa parece ir para el lado del hartazgo, cabe sumar en el aspecto afirmativo de la decisión masiva un hecho que tendrá enormes consecuencias: la repolitización de la vida cultural de los argentinos, impulsada desde el poder central frente a la voluntad banalizante de las grandes usinas desinformadoras del complejo mediático del coloniaje.

LOS GRANDES PERDEDORES

Es por eso que, quizás por no leer nuestras editoriales, Ricardo Alfonsín probó con su actividad política concreta cuán grande le queda la ropa heredada de su papá el difunto ex presidente. Raúl Alfonsín no hubiera dudado un instante en quemar todas las naves para mantener una alianza sólida con Hermes Binner, que es lo que sugeríamos que iba a hacer el ínfimo vástago del que, imprudentemente, llegamos a caratular tiempo atrás como “Tartufo de Chascomús”. No nos faltaban los motivos. Lo que nos faltó fue imaginación para ver que podía haber algo peor.

Los grandes derrotados en esta elección, para eterna ira de los editorialistas de “La Nación” y cólicos interminables del Sr. Magnetto, fueron precisamente los políticos que asumieron como propio el legado que provocó el incendio del 19 y 20 de diciembre de 2001. Tanto Eduardo A. Duhalde como Ricardo Alfonsín actuaron, respectivamente, como el veterinario y el ingeniero agrónomo de un país moribundo. Sin percibir que el ánimo popular se estaba orientando hacia un futuro de industrias y paria más que hacia un pasado de agribusiness y entrega, se recostaron sobre su extrema derecha para aspirar a campeón de peso pesado contra un kirchnerismo al que, tras los resultados parciales en Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, veían en decadencia.

Cometieron el peor error del embaucador: creer, sinceramente, en su propio engaño. Fueron incapaces de “correrse a un costado”, lo que quizás sea demasiado pedir, o al menos -como clamaban desesperadamente los editorialistas de los grandes medios- llegar a un acuerdo para encaramar al menos a uno de ellos en el podio. Reconózcasele a Mauricio Macri la astucia de haberse bajado de la confrontación, porque gracias a ella ahora puede aspirar a ser el próximo candidato a liderar un proyecto sin futuro pero con largo -y negro- pasado.

Asignémosles unas palabras a las dos Casandras fayutas del desastre, Pino Solanas y Lilita Carrió, quienes sea con indignación, sea con satisfacción incomprensible, predijeron el Apocalipsis en caso de vencer Cristina Fernández de Kirchner. A ellos les fue peor que a nadie. Colocarse en la más extrema oposición a quien condensaba la voluntad autodefensiva de los argentinos no podía tener otro resultado. Hasta la secta de Altamira logró más votos, quizás por cierta respetable veta sentimental de muchos compatriotas que no pueden ver vacío el casillero electoral de la “izquierda pura”. Que el Frente de Izquierda merezca ese título, es otro tema sobre el que ya hemos hablado mucho y no retornaremos.

LOS QUE SUPIERON VER EL PANORAMA

Dos fuerzas, dentro de una oposición que en general quedó aplastada por el aluvión kirchnerista, pueden reclamar con toda justicia cierto derecho a la celebración. Ambas percibieron que oponerse por principio al rumbo kirchnerista garantizaba el desastre.
Una es el singular peronismo puntano, que logró una interesante participación electoral y hasta venció al kirchnerismo (y abrumadoramente) en San Luis. Es, para su desgracia, incapaz de gestar una alianza fuera de los límites de su provincia que pueda reproducir aquello que sí hizo dentro de los mismos, aunque los últimos movimientos de Alberto Rodríguez Saá demuestran que ve claramente por dónde viene el futuro: apenas terminó el acto electoral, salió a saludar no sin gracejo a la gran ganadora, y al cierre de esta edición, declaraba abiertamente que entre CFK y Eduardo Duhalde, optaba por la primera.

La otra, pese a un serio sofocón local que le pone un signo de interrogación sobre la frente, es el socialismo de base sojera encabezado por Hermes Binner. Sin dejar de ser, en última instancia, una versión reformista de un pasado al que no quiere retornar el país, y sin dejar de ser tampoco la cabecera de puente litoraleña de la socialdemocracia española, su reformismo crítico (más retórico que real, aunque en ciertas instancias supo votar a favor del proyecto kirchnerista… pero no cuando la “125”) lo ha colocado en el sitio esperado de “gran esperanza blanca”, de candidato opositor potable para el bloque oligárquico, que desespera ante la imposibilidad (más política que legal) de que los votantes del resto de los candidatos del ya muerto “grupo A” deriven su voluntad hacia el rosarino.

LOS PELIGROS DE LA ABUNDANCIA

Tanta bonanza electoral tiene sus riesgos. El proyecto kirchnerista ha sido plebiscitado, y eso es muy bueno. Pero no ha sido plebiscitado para quedarse en lo que es. A partir de ahora (y electoralmente esto se verá en la transformación de Binner en el nuevo candidato del bloque antinacional) deberá ir a la raíz de los problemas que su propuesta de capitalismo autocentrado propone liquidar.

En este camino, la conformación de las listas de candidatos decidida por Cristina Fernández de Kirchner no deja de hacer sonar algunas chicharras de alarma. El triunfo de CFK no anula las derrotas locales, aunque les da un marco y las limita (la corta vida del “cordobesismo” delasotista es quizás la más cómica de las demostraciones). Y esas listas no siempre han sido del agrado de la misma población que sí apoyó a la Presidenta en su aspiración reeleccionaria.

En las semanas posteriores a las primarias, el kirchnerismo parece haber decidido hacerse más palatable a las patronales, y “poner en su lugar” a las conducciones sindicales algo respondonas. No es una novedad para quienes conocemos el carácter pendular de la conducción bonapartista del movimiento nacional, desde la llegada de Perón al poder con apoyo de los trabajadores. Pero tampoco es una novedad que esa política, en los momentos de prueba, no rindió precisamente buenos resultados.

Sobre estos asuntos, hablaremos en la próxima edición de nuestro periódico. Pero alertamos desde ahora contra el riesgo de adormecer el impulso transformador y de imaginarse un triunfo contra la oligarquía que no parta de una creciente participación de los trabajadores argentinos en la lucha política.

Ni siquiera el muy burgués (y muy bien orientado, por cierto) proyecto de “industrializar la ruralidad” saldrá adelante sin radicalizar el rumbo, más que solo “profundizarlo”, y sin una alianza que asigne al movimiento obrero un lugar que, explícitamente, le ha sido negado en la actual instancia electoral.

HACE SIETE AÑOS PARTÍA UN IMPRESCINDIBLE

Por Alberto Franzoia*

Un 4 septiembre de 2004, hace ya siete años, el socialista de la Izquierda Nacional que nunca bajó la guardia ante las embestidas del enemigo nos dijo adiós. Estaba a un paso de cumplir los 76, de los que buena parte estuvieron dedicados a dar la batalla cultural y política contra el bloque oligárquico-imperialista, porfiadamente convencido del triunfo  final, porque se sabía eslabón de una larga cadena.

Fue uno de los integrantes de esa avanzada intelectual que en otros tiempos integraron la tropa de los gestores y difusores de idas alternativas a las que nos proponen los intelectuales de las clases dominantes (de adentro y de afuera). Esa avanzada magnífica del siglo XX que se fue dejándonos un legado inmortal; la de los Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Manuel Ugarte, Juan José Hernández Arregui, John W. Cooke, Rodolfo Walsh, Jorge Abelardo Ramos y unos cuantos más.

Escribió un tan breve como insustituible trabajo para cualquier compañero que luche por el socialismo latinoamericano desde la trinchera del bloque nacional y popular, se lo conoce como “Clase obrera y poder”, pero en realidad eran las tesis de 1964 del Partido Socialista de la Izquierda Nacional. Para ese entonces su producción teórica e histórica ya era muy importante, aunque mucho más por la calidad de lo expresado que por la cantidad de textos escritos. Primero nos había puesto en guardia ante los diversos nacionalismos posibles en una semicolonia capitalista como la Argentina , entonces nos advirtió que en estas cuestiones existen dos especies bien distintas: “Nacionalismo oligárquico y nacionalismo revolucionario”. Tampoco escapó a su mirada penetrante la necesidad de una “Historia crítica del radicalismo”.

Sin embargo, estos dos textos previos a “Clase obrera y poder” no eran todo lo que tenía para decir. Por eso, harto de “socialistas” liberales, los que proliferan en las fértiles tierras de la pampa húmeda, produjo “Juan B. Justo y el socialismo cipayo”, que años más tarde formaría parte de su magnífica “Historia del socialismo argentino”. Y anclando el socialismo autóctono en la necesidad de compenetrarse con la cuestión nacional, nos recordó que para aquel gran maestro con el que sin culpas se nutrió el tema no era ajeno, entonces nos cautivó con “La cuestión nacional en Marx”. Luego vinieron ampliaciones de los textos ya publicados y una gran cantidad de artículos. Cuando los compañeros le insistían para que continuara su producción teórica a través de nuevos libros, solía responder que ya había dicho todo (lo sustancial) que necesitaba decir. Sorprendente respuesta para nuestros días, en los que muchos de los que se cansan de publicar aportan muy pocas ideas en las que valga la pena abrevar.

Pero como además de pensar y escribir este hombre era un militante político de primer nivel, sus días transcurrieron en medio de una práctica incansable. Si había que convencer a un compañero él iba personalmente hasta su casa, y si era necesario barrer el local del partido (que con humildad conducía) al finalizar una reunión de militantes, allí estaba, dándole a la escoba sin complejos. Y cuando hubo que reorganizar el partido de una izquierda revolucionaria siempre inmersa en las filas del frente nacional y popular, después de los oscuros años noventa cuando el menemismo hacía estragos hasta en la tropa propia, se colocaba en primera línea, con el mismo fervor de un adolescente que quiere cambiar el mundo, convencido de que se puede.

Un día del 2004, cuando la Patria comenzaba a divisar en su horizonte político una posibilidad cierta de cambio, el luchador incansable de mil batallas, el revolucionario de descomunal estatura que nada ni nadie lograron doblegar, ese inagotable gestor de ideas a contrapelo de cualquier discurso esclerosado, nos dijo adiós. Alguna vez Bertolt Brecht escribió sabias palabras, válidas para cualquier latitud del globo terráqueo:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos; hay otros que luchan un año y son mejores; hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero están los que luchan toda la vida y esos son imprescindibles. “

No tengo ninguna duda que es así, por eso sé que un 4 de setiembre de aquel esperanzador 2004 partió uno de esos hombres especiales de los que hablaba Brecht. Sólo resta decir que el presente y futuro de los pueblos de la Patria Grande le agradecerán por siempre los servicios prestados. Se llamó Jorge Enea Spilimbergo, sencillamente un imprescindible.

La Plata , Septiembre de 2011

* Artículo extraído del "Cuaderno de la Izquierda Nacional",  http://www.elortiba.org