ANTE LAS ELECCIONES NACIONALES DE 2011

El 23 de octubre de 2011, el partido Patria y Pueblo - Socialistas de la Izquierda Nacional, votará por la continuidad de la actual Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y por sus candidatos legislativos nacionales. Más de la mitad del pueblo argentino decidió en las primarias que se fortalezca la soberanía nacional, se acelere la construcción de una Patria Grande sudamericana, crezca la independencia económica y se profundice la justicia social.

No se trata en esta elección de "equilibrar" al Ejecutivo por medio del Legislativo, sino de contrarrestar con un manejo fluido del Estado y el protagonismo central de los trabajadores la prepotencia de los poderosos y los aprietes de las Embajadas imperialistas.

Los desafíos que enfrenta el gobierno nacional son inmensos. Necesita un Parlamento que salga del bochorno a que lo llevó la seudo mayoría opositora, y ello solo será posible si cuenta con la mayor cantidad de legisladores a su favor. Esto significa que un Parlamento donde la oposición tenga capacidad de "control" se convertirá en garantía cierta de "descontrol". Para impedirlo, hay que votar a la Presidenta y a los legisladores de su partido. Al desorden retrógrado debemos oponer el orden dinámico de una profundización revolucionaria del rumbo iniciado en 2003.

La fuerza impulsora del gobierno que se inicia con Néstor Kirchner (y el sustento profundo de sus políticas) es la movilización de masas del 19 y 20 de diciembre, que barrió del panorama político inmediato al conjunto de las posiciones que se entongaron en el opositor “Grupo A”. Hoy, esa fuerza impulsora, requiere una consolidación institucional definitiva.

El modelo de 2003 no solo debe profundizarse, tiene que ir a la raíz de los problemas. En 2012 habrá que plantearse la progresiva eliminación de todos los factores parasitarios que, amparados en una legislación tramposa fraguada en medio siglo, pretenden por todos los medios impedir que se desplieguen las inmensas capacidades productivas de la Argentina.

Ya hemos visto con la 125 que, para oponerse a un aumento de aranceles aduaneros, fueron capaces de intentar el derrocamiento de Cristina Fernández de Kirchner. Ahora, que la apuesta tiene que ser necesariamente más audaz, democrática y plebeya, tenemos que esperar una reacción de máxima violencia institucional, especialmente si ante una eventual defección de los sectores más conservadores del campo nacional el Estado se ve obligado a intervenir en las áreas más dinámicas de la producción y la economía.

En un mundo en crisis, donde vemos a las grandes potencias quebrar todas las reglas de la convivencia y la jurisprudencia internacional en nombre de mentidos "derechos humanos", hay que ganar en las elecciones para defender la Patria y los derechos humanos reales. El primero, es el derecho a decidir los destinos del propio país sin interferencias ajenas.

Esto no lo entiende ni siquiera el mejor de los candidatos de la oposición a CFK. Es, por lo tanto, incoherente apoyar a la Presidenta en tamaña tarea sin, al mismo tiempo, darle la posibilidad de contar con un Congreso que le permita aprovechar completamente todas las herramientas jurídicas de las que dispone.


Desde las últimas elecciones legislativas, hemos visto cuán mezquina es la oposición parlamentaria. En dos años, el Congreso de la Nación que "controla" mediante acuerdos sin principio, no hizo otra cosa que chicanear, paralizar y prestarse a operaciones mediáticas a gusto de los poderosos sectores partidarios del atraso nacional y el sometimiento a los centros financieros mundiales.

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