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EL EXAMEN DEL CAMPO NACIONAL


La dirigencia del campo nacional enfrentará en pocos días una prueba de fuego.

Digo el "campo nacional" y no "el peronismo" para no entrar en disquisiciones divisionistas, y para incluir a los que no son peronistas ni pretenden mimetizarse con el peronismo para copar nada "desde adentro".

Potencialmente, los legisladores del campo nacional -planteado con la máxima amplitud posible: los que aún reivindican como propio el 17 de octubre de 1945 o al menos reconocen que es un hito histórico en la construcción de una Argentina más moderna y más democrática- tienen en un puño al régimen de entrega encabezado por Beresford. Lejos de ser omnipotente, el Pro (que es el único grupo político de Cambiemos que gobierna, en realidad) está a un milímetro de ver cómo su plan se derrumba y queda colgado del pincel.

Para ello basta con que esos legisladores amplíen y consoliden la unidad en torno a la defensa de las leyes Cerrojo y de Deuda Soberana, e impidan su derogación. Ese solo paso coloca a todo el Pro ante la imposibilidad de continuar con su programa de salvaje retorno a la barbarie, espanta el fantasma Melconián y lo pone en la necesidad de negociar con las ya mayorías nacionales que se empiezan a oponer a su intención de "modernizar" retornando a la barbarie.

Sí, mayorías: el 49 y el 51%, productos de coyunturas electorales, se alejan cada vez más, por eso la necesidad desesperada de la Embajada, del Partido Judicial de la Injusticia y del macrismo de inventar distracciones, en especial recociendo judicialmente jugarretas moralistas contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Ellos mismos nos demuestran cuán débiles están.

Es una disyuntiva que los legisladores que llegaron a sus bancas en nombre del movimiento nacional no pueden eludir.

Su decisión los marcará a fuego, uno por uno, y sin posibilidad de vuelta atrás. Cada cual sabrá a qué atenerse en ese universo asfixiante por donde vuelan las Banelco, las extorsiones, las manoteadas prepotentes y las villanías políticas más indescriptibles (es decir: el modo Pro de hacer política, a base del golpe de furca).

Y no solo los legisladores están en una situación de la que no pueden escapar.

Indudablemente, la movilización del pueblo argentino contra esta restauración rivadaviana de nuevo cuño sería un fuerte elemento de convencimiento para aquellos que duden.

Pero entonces éste será también un momento de la verdad para todas las estructuras capaces de movilizarlo en defensa de la Patria misma.

Todos, absolutamente todos, están bajo la lupa de una población harta de internismos mezquinos. Desde los dirigentes de todo nivel en los sindicatos hasta las autoridades electas para cargos de todo tipo, pasando por grupos culturales, deportivos, comunitarios y de toda clase que sean víctimas de la transformación de la Argentina en una semicolonia cainita, todos están rindiendo examen.

El pueblo argentino espera de ellos actos concretos que paren la caída al infierno.

Si fracasan, si se demuestran impotentes para torcer el curso amargo y genocida de esta historia, si se demuestran incapaces de romper la encerrona con masas que esperan una señal clara, morirán políticamente para siempre ellos también. Eso es lo que espera el Pro.

En ese caso (y el curso será tortuoso, enfermizo y pleno de dolor), nuevos dirigentes tomaran sus puestos abandonados de combate. Pero, hoy, en ellos está la oportunidad de la Patria. Ojalá se demuestren a la altura de lo que necesitamos.

Es el íntimo deseo de un pueblo que necesita creer.

El campo nacional necesita convertirse en el pueblo argentino. Necesita encapsular a la minoría apátrida que dirige la batuta en su escualidez numérica. Necesita encerrarla en un abrazo de acero que le estreche cada vez más sus posibilidades de acción. Necesita unirse, ampliar y recomponer sus filas tan minadas desde adentro por el internismo y la soberbia, que fueron uno de los motivos de la victoria del Partido Único de la Dependencia.

No solo los legisladores, sino toda la dirigencia del campo nacional, están a prueba hoy.

Y a los que reivindican como propio el 17 de octubre de 1945 les conviene darse cuenta de que el trueno escarmentador está mucho más cerca de lo que puedan imaginar. La cuenta regresiva ya empezó.

Nestor Gorojovsky 
Secretario General

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