Salió PYP 49, conseguilo!!!

Editorial
QUIEREN SEPARAR AL GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES:
NO LO LOGRARÁN
Por Nestor Gorojovsky - Secretario General

Hace ya demasiados meses (un buen par de años, en rigor) que dificultades exógenas, el activismo desatado del bloque antinacional y errores evitables desde el campo nacional vienen conformando un bloque dinámico e interactivo de cuestiones que se potencian mutuamente y le complican al gobierno de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner la concreción de las mejores esperanzas del pueblo argentino.

Las dificultades exógenas derivan, en lo sustancial, de la pertinacia con que se arrastra sin final previsible el enfriamiento de la actividad económica mundial desde el inicio de la crisis financiera de 2008. Dentro del país, la traición a su mandato del entonces vicepresidente Cobos tuvo graves consecuencias, entre las cuales la principal fue poner en manos del bloque oligárquico-imperialista una herramienta extorsiva que permitió, paulatinamente, que este grupo social y político, no sin apoyo externo por cierto, fuera encontrando mecanismos para arrinconar financieramente al gobierno nacional. Los errores fueron, a nuestro modo de ver, el subproducto de las dificultades con que se intentó superar ambos problemas.

Llegamos, en la dialéctica de sucesivas ampliaciones del campo de confrontación, a la insostenibilidad de la política cambiaria con que el gobierno intentó sofrenar el saboteo permanente de la economía argentina fomentado desde el capital concentrado, política que hubo que modificar cuando se hizo claro que el drenaje de divisas con que lo atacaba el bloque librecambista y antiindustrial estaba erosionando muy exitosamente las reservas internacionales de nuestro país.

En apretada síntesis, esto es lo que llevó a restaurar la figura del Ministro de Economía, que durante todo el período iniciado con la ministra Micelli había abandonado el lugar expectante al que había llegado a partir de la dictadura económica neoliberal iniciada en 1976. Durante todo ese lapso, cuyo último representante fue el Dr. Lavagna, el ministerio de Economía era más poderoso que la Presidencia de la Nación. No es poco mérito el del Dr. Néstor Kirchner cuando lo puso en su sitio tras aceptarle a Lavagna la renuncia.

Esa figura se restauró, sin embargo, en una figura muy distinta a la de Lavagna: la del Dr. Kicilioff. En el último número de nuestro periódico ya decíamos que estábamos ante un recambio estrictamente burgués del equipo económico (pese a toda la alharaca macartista de la prensa regiminosa, para la cual Kicilioff era un “marxista”, es decir un temible y encubierto asesino de empresarios).

Decíamos también que, paradójicamente quizás, ese equipo económico, precisamente por su carácter definidamente burgués, iba a requerir de la movilización popular para desarrollar su política. Aquí es donde empezaron a pesar los errores cometidos en el pasado por el gobierno en el plano de las alianzas sociales, que empezaron con el distanciamiento con respecto a la CGT de Azopardo (más allá del rumbo posterior de Hugo Moyano, que es completamente repudiable e inadmisible por ningún nacional).

Ese distanciamiento, en efecto, dejó al gobierno sin la capacidad de movilización necesaria para enfrentar no ya los múltiples y permanentes desafíos destituyentes que le plantea en el plano político una oposición indescriptiblemente perversa, sino la verdadera huelga de clases encabezada por el bloque oligárquico y contra la cual empezó a tomar medidas tajantes el Dr. Kicilioff desde el momento mismo de su llegada al cargo.

Es así que, para poder retomar la iniciativa en el plano político, el gobierno tuvo que ceder posiciones en el plano económico-financiero. Se vio forzado a admitir una brusca devaluación, y a encontrar la manera de impedir que ésta genere un devastador efecto sobre los precios internos. El modo en que lucha contra esos efectos es, en principio, un programa de control popular de precios que se “organiza” sobre la libre iniciativa personal de cada argentino. En ello, paradójicamente, radican su fuerza y su debilidad.

Su fuerza porque, en la medida que para que los argentinos controlen los precios es necesario que se les haga consiente el papel nefasto que cumple el gran capital monopolista, al menos desde el ángulo de la intermediación comercial, el programa “precios cuidados” es una efectiva manera de que, de una buena vez, en la Argentina se desenmascare a los ladrones como lo que son.

Pero también su debilidad, porque el ciudadano aislado no tiene el poder que permita revertir, o al menos que permita operar con la efectividad y la velocidad necesarias, para detener la persistente comisión de múltiples formas delictivas de burla a la voluntad y la ley emanada desde el centro del poder político. Un movimiento obrero como respaldo colectivo y orgánico de esa vigilancia hubiera permitido ordenar las cosas con mucha mayor velocidad. En plena época de paritarias, sin embargo, el propio Secretario de Comercio explica que los efectos inflacionarios de la devaluación, si bien han sido contenidos, se sentirán en febrero así como se sintieron en enero.

Y aquí es donde entran a jugar otros factores más. Una respuesta casi instintiva del gobierno nacional, frente a las paritarias, es tratar de sofrenar la voluntad de los trabajadores organizados de obtener, sino una mejora en la porción del ingreso que les corresponde, al menos mantener lo que ya les comió una inflación que no generó el gobierno, pero tampoco generaron ellos.


Esto es precisamente lo que busca la huelga política del bloque concentrado: separar al gobierno de los trabajadores. Y es lo que no debe pasar bajo ninguna circunstancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario