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Comprender y desmontar la trampa del estáblishment

¡COMPRENDER Y DESMONTAR LA TRAMPA DEL ESTÁBLISHMENT,
CASTIGAR EJEMPLARMENTE A SUS EJECUTORES!

Los núcleos del poder económico concentrado han resuelto socavar el poder del Estado, impedirle el manejo de las variables económicas, destruir las herramientas útiles para limitar el saqueo del país. Combinan en su plan el ataque a la política cambiaria –el primer éxito fue la minidevaluación reciente del peso– con una remarcación feroz de precios. El objetivo final es provocar el pánico.

El paso siguiente es promover un enfrentamiento ciego entre la actual gestión y las bases sociales que dieron su apoyo, durante una década, al viraje nacional inaugurado por Néstor Kirchner en el 2003. Para lograrlo, precisan que se consume el propósito de dinamitar el poder adquisitivo de los trabajadores, y para ello, a su vez, hace falta que el gobierno ceda y -en vez de aplicar el peso de la ley y su fuerza represiva- demuestre vacilar frente al embate.

El sentido general del viraje kirchnerista fue impulsar un modelo productivo con inclusión social y redistribución progresiva del ingreso, con notorios resultados para las grandes mayorías. En una coyuntura internacional de buenos precios agropecuarios eso pudo hacerse sin afectar el dominio, las propiedades y el poder material del núcleo de poder económico concentrado. Pero se limitaron, sí, sus privilegios desmedidos y se los apartó del poder de designar los ministros y dictar la política, como amos de la Argentina que ellos creen ser.

Esos sectores, ahora y dicho en lenguaje simple, quieren otra vez el poder absoluto, que por obra de la crisis del 2001 se les fue de las manos. Semejante pretensión pone a prueba al campo nacional en su conjunto, y cuando la patria peligra nadie puede quedar afuera ni ser excluido por diferencias en ninguna “interna”. No podemos, por acción u omisión, por cálculos de corto vuelo o mezquindades de ningún orden, permitir que triunfen los enemigos del país: jamás favorecen a sus grandes mayorías. Suprimirán derechos, achicarán el ingreso popular, volverán a reprimir la lucha por la dignidad y los derechos de nuestro pueblo y arrastrarán al país, otra vez más, a la triste condición de una semicolonia.

El gobierno nacional, a su vez, evita tomar algunas de las medidas que la situación exige. Denuncia a los conspiradores, los amenaza, comenta elocuentemente sus crímenes. Pero no pasa al único lenguaje que las víboras entienden: la ley penal y el llamado a la acción política masiva del pueblo argentino.

También espera el gobierno nacional que los dirigentes obreros tengan mayor lealtad hacia él que hacia sus propios representados, y que admitan reducir las “pretensiones” de los trabajadores en solidaridad con los más sumergidos y en apoyo de un gobierno atrapado en una situación compleja. A esto hay que decir, ante todo, que sólo un crítico de mala fe podría acusar al gobierno de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner de imponer una política económica antipopular. Sí busca capear en un sentido nacional una compleja y perversa crisis, y esto puede requerir, efectivamente, sacrificios de ciertas capas de los trabajadores.

Pero también debe decirse que el propio gobierno muestra que los sectores empresariales, hegemonizados por quienes hoy llevan adelante la ofensiva antinacional, han tenido ganancias extraordinarias y sostenidas. ¿Cómo reclamar entonces el sacrificio de los trabajadores como un gesto de gratitud por lo obtenido, y predicar la redistribución “horizontal” de ingresos entre trabajadores, si no se ataca la desproporción de beneficios entre los trabajadores (que apoyan al gobierno) y el alto empresariado (que lo ataca)?

En consecuencia, en medio de una pugna por definir si manda el bloque de poder económico concentrado o el gobierno popular legítimamente elegido, el gobierno mantiene apartados a los trabajadores de la lucha por el poder. En lugar de llamarlos a defender con todas sus fuerzas el modelo vigente, como protagonistas de pleno derecho del frente nacional, les pide que, como ciudadanos aislados, participen del esfuerzo… ¡controlando precios en las góndolas de los supermercados!

Se puede y se debe corregir estos errores. Para desbaratar sus planes y afirmar la potestad del Estado nacional, los grupos implicados en la conspiración oligárquica no deberían quedar impunes. Las cerealeras, los bancos que atentan contra la política cambiaria, las osadías intolerables de Shell, el abuso constante de los formadores de precios, la negativa a invertir, el “ganar mucho produciendo poco”, las grandes superficies de distribución comercial que pasaron a manos del capital extranjero en la década del 90, deben sentir todo el peso de la ley, incluida la Ley de Abastecimiento, que permite fijar precios desde el Gobierno.

No es cierto que las relaciones de fuerzas impidan hacerlo. Cuanta más soberanía se gana, más soberanía se puede ejercer. El gobierno legítimo que votaron las mayorías en el 2011, cuenta para enfrentar a los delincuentes con todo el apoyo de las masas, si decide movilizarlas. El bloque oligárquico y la especulación comercial y financiera, con sus mandantes imperialistas y su prensa adicta, no serán más fuertes que los argentinos de a pie, nuestras grandes mayorías, si esos argentinos nos ponemos de pie en defensa propia, para pasar a la ofensiva desde ese umbral, y construir la patria, en la hermandad común del pueblo latinoamericano.

MESA NACIONAL
Néstor Gorojovsky, Secretario General
Hugo Santos, Juan María Escobar, Bailón Jerez, Lorena Vazquez, Rubén Rosmarino, Jacinto Paz, Edgardo Sánchez, Silvio Zuzulich, Aurelio Argañaraz, Pablo López

Comentarios

  1. Estamos ahí bancando el único proyecto de país y unión latinoamericana.

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