KIRCHNERISMO Y MOVIMIENTO OBRERO

por Juan Pérez Florido

Los últimos desencuentros entre el kirchnerismo y la conducción actual de la CGT han generado ríos de tinta en los medios opositores y oficialistas. En ambos casos se ha pretendido mostrar tanto a la Presidenta, como a la referencia de ese sector, el compañero Hugo Moyano, como dos corrientes opuestas, cuyo destino es el desangrarse para llevar a la Argentina a una especie de comedia del año 75.

El problema es nuevamente la juventud vs. la burocracia sindical o la democracia vs. las corporaciones. El discurso, por momentos, tiene un lejano aire a desconfianza alfonsinista contra la conducción de la CGT, que a su vez se queja amargamente, a veces, de carecer de posibilidad de diálogo directo con la Presidencia.

Pero el problema no es la disputa misma entre los trabajadores y la conducción del movimiento nacional, sino negar que ella existe y que es parte de cualquier movimiento nacional.

SOBRE LA EXTORSIÓN, LA DESILUCIÓN Y LA POLÍTICA
El discurso de Hugo Moyano en Huracán es la consecuencia o espejo del discurso de la Presidenta en la asunción presidencial. La figura de la huelga igualada a la extorsión, lleva a la desilusión del oficialismo en el discurso del secretario general de la CGT. En ultima instancia el Gobierno Nacional interviene sistemáticamente en la política sindical, le baja el pulgar a determinados candidatos y eleva a otros ¿No pueden acaso los dirigentes sindicales más comprometidos con la profundización del proyecto iniciado en 2003 aspirar a una representación política e intervenir en la disputa por el país que ellos quieren? No pueden reclamar un diálogo fluido con la representación política existente, cuando ellos más que nadie pusieron el cuerpo a la lucha contra el neoliberalismo y luego a la reactivación económica del país?

Aunque la conducción del movimiento nacional debe equilibrar el balance entre los sectores empresariales y los trabajadores, en el último tiempo parecería que mientras que a los trabajadores se les exige que aprieten el cinturón y que disminuyan sus pretensiones en pos del desarrollo nacional, a los empresarios se les sugiere que inviertan y que no fuguen divisas al exterior, que blanqueen personal, etc.  Y es que la política se hace con las clases sociales y las representaciones realmente existentes, a veces parece que la alusiva discursividad de un de Mendiguren gusta más que los conceptos francos de un Moyano.

PROFUNDIZAR,PROFUNDIZAR,PROFUNDIZAR.
La presidenta muestra sistemáticamente, en todos sus discursos, la voluntad de profundización y ninguno de los compañeros de Patria y Pueblo, socialistas de la izquierda nacional, discute su voluntad, probada sobradamente. Pero creemos que esa profundización solo se da de la mano de los trabajadores organizados que empujan, con sus demandas y sus proyectos, al mejoramiento de las condiciones de vida de la población en general. Sin ellos, las propuestas se vacían y frente al primer aletazo del imperialismo y la oligarquía, el cimiento del movimiento nacional se derrumba. Quizás sea hora de comprender que el Movimiento Nacional es uno solo, pero las representaciones políticas dentro del mismo no pueden ser las mismas. Sin una autonomía al menos equivalente a la que se le otorga al empresariado, el movimiento obrero será mera acción reflejo de la conducción, y por lo tanto no podrá seguir sosteniéndola. En ese caso, solo resta retroceder o temer que, por diferencias políticas coyunturales, se repitan las divisiones funestas de los 70.

LA ALEGRÍA NO ES DE LOS TRABAJADORES BRASILEROS
El desarrollo del Brasil moderno tiene una principal explicación: la represión y el disciplinamiento de la clase trabajadora brasileña. Su modelo sindical de varias centrales fortalece ese disciplinamiento y facilita la sobreexplotación e ingresos, en términos generales, mucho más bajos que los argentinos. La burguesía, principalmente la de San Pablo, es exportadora, con lo cual el salario de los trabajadores no es su forma de realizar su capital. Que se produzca barato y se venda caro a consta de la desigualdades abismales de ese país, es su lema.

El capitalismo en la Argentina, en cambio, se cruza sistemáticamente con el mismo problema: el desarrollo de una clase obrera fuertemente sindicalizada, lo cual fortalece la lucha distributiva contra la oligarquia y con la burguesia transnacionalizada. El rumbo marcado por el kirchnerismo, hasta el momento, profundizó el modelo argentino, en el sentido de mejorar las condiciones sociales de los trabajadores y del pueblo en general.

Desde la posición de los Socialistas de la Izquierda Nacional, solo se puede avanzar fortaleciendo este modelo, lo que significa atacar de frente a los enemigos principales de la Argentina. Si no se quitan las tasas leoninas de rentabilidad de muchas de las ramas de la economía argentina, si no se grava al capital financiero, si no se controla el comercio exterior y, fundamentalmente, si no se nacionalizan, o sea se socializan, las grandes explotaciones agropecuarias pampeanas, habrá que marchar al modelo brasileño: se impondrá una industrialización con salarios de hambre. 

Pero el kirchnerismo propone otra cosa, propone un vigoroso crecimiento del mercado interno y su complementación con el externo. Para esos avances el Gobierno solo cuenta con una carta, las organizaciones obreras. Programa y sectores sociales que lo acompañen son imprescindibles.

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