SALIÓ PYP NRO. 31!

La bonanza agroexportadora intensificó la lucha de clases en la Argentina. La oligarquía busca aislar a los trabajadores y en el campo nacional se dirimen liderazgos sociales y políticos.

POR LA AUTOPISTA, EN QUINTA VELOCIDAD*

| Por Nestor Gorojovsky 
Hasta el boom sojero, la permanente caída de ingresos por exportaciones agropecuarias fue enchalecando las perspectivas de nuestra industrialización, que se nutría de esos ingresos para sostenerse y completarse. Para mantener su privilegio rentístico, el establishment debía atacar las bases mismas de la existencia material de las mayorías argentinas y dinamitar los cimientos de una economía industrial autocentrada. Si Martínez de Hoz enunció e inició la faena, Cavallo y sus continuadores la completaron. El predominio político oligárquico-imperialista de la segunda mitad del siglo XX culminó finalmente con el genocidio económico de los 90, ante todo, porque durante todo ese período el “sueldo” de la Argentina en el mercado mundial se había achicado hasta la cuasi desaparición.

BONANZA EXTERNA Y TRANSICIÓN INTERNA
  
Pero la urbanización acelerada de la China (y en menor lugar, de la India) ha lanzado una revalorización mundial de los productos agropecuarios. Esto brinda al país la segunda oportunidad de capitalizar la renta agraria en función autocentrada sin necesariamente atacara fondo al bloque rentístico-especulativo. A esto se refieren los escribas del gorilaje cuando hablan de “viento de cola”, omitiendo que para aprovecharlo hay que orientar adecuadamente el avión. Esa reorientación de la economía se condensa en la propuesta neodesarrollista planteada por el kirchnerismo.

Sin embargo, la oportunidad misma de transformar de raíz las condiciones de operación del capitalismo argentino no abre un período de paz social sino una transición donde, al aliviarse la tensión externa, la lucha de clases se hace menos letal (pierde violencia) pero másponzoñosa (gana virulencia). No solo arrecia (la “125”) la confrontación con un bloque antinacional que -para colmo- presiona más todavía porque una crisis profunda e indetenible carcome el centro metropolitano. También toman forma las contradicciones no antagónicas pero reales entre las distintas clases que componen el bloque nacional.

CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA REINDUSTRIALIZACIÓN
  
El rumbo fino de la reindustrialización argentina merece muchas críticas (Carlos Leyba, p. ej., alerta contra el descomunal peso del crecimiento de solo dos rubros: siderurgia y automotrices). Pero al bloque dominante no le interesan los detalles: apunta de lleno al hecho fundamental de que la industrialización como tal reactiva política y reivindicativamente a los trabajadores. Su crítica es la de una empresa de demoliciones.

Hasta ahora, en la discusión por ingresos y condiciones laborales, esa reactivación ha enfrentado un límite objetivo fundamental: la persistencia de un sector excluido de las negociaciones. Cuando la exclusión no es total (desempleo liso y llano), es parcial (empleo en “negro”, terciarizaciones masivas, etc.) Los logros gubernamentales en estos planos han sido muy dispares, como lo reveló el asesinato de Mariano Ferreyra. Sin embargo, aún maniatado por estas circunstancias, el nuevo nivel de actividad del movimiento obrero incomoda (como mínimo) a las clases dominantes en su conjunto y en particular a los estratos inferiores de la burguesía: sometidos a una competencia más aguda precisamente porque “el mercado” discrimina a favor del gran capital concentrado, su primera tendencia es endurecerse frente a sus trabajadores y, muchas veces, carecen de gerentes de personal que pongan la cara por ellos en la planta.

Desde el punto de vista de los estrategas oligárquicos, estos sectores son políticamente fundamentales y a ellos dirigen su discurso

HUGO MOYANO, EL “MONSTRUO DEVORADOR”
  
Ya desde antes del fallecimiento de Néstor Kirchner, los Grondona y Morales Solá operaban para debilitar al movimiento nacional enfatizando esas contradicciones. Y supieron de entrada que para ello no había mejor camino que convertir a la clase trabajadora en el enemigo común de las clases dominantes y de la pequeño burguesía.

¿El camino?: transformar la “prepotencia política de la burocracia sindical” en amenaza al “derecho de propiedad”, por derecha. Y, por izquierda, presentar a la “burocracia sindical” misma como garante básica -al punto de llegar al crimen- del “derecho de propiedad”. Ambos movimientos solo son opuestos en apariencia; se unen en un vértice práctico común: aislar a los trabajadores del resto de la sociedad, embarrando la figura de sus mejores representantes.

De allí la potencia del ataque sistemático contra Hugo Moyano, satanizado como personificación prepotente del “burócrata sindical”. A partir de esto, se le atribuye la intención de monopolizar el poder político de la Nación, fagocitándose incluso a sus principales socios y en primer lugar al Poder Ejecutivo.

Los columnistas estrella de “La Nación” lo han dicho sin dejar lugar a duda alguna. No pierden oportunidad de atacar a Moyano y al sindicalismo más consecuente. Alertan a Cristina de que en vez de destituirla, como la oposición, “Moyano” pretende devorarla; Mariano Grondona llega a declarar que ante esta amenaza, él está dispuesto a defender a la Presidenta. Cualquier cosa sirve para mostrar el avance del ogro proletario que se va a devorar todo: desde el asesinato de Mariano Ferreyra hasta el caos en el aeropuerto de Ezeiza.

Pero no solo desde el bloque antinacional viene la andanada. También, y en parte por influencia de la campaña antisindical de los medios oligárquicos, se oyen algunos disparos desde el propio campo nacional.

DOS “CORRIENTES NACIONALES”
  
El 15 de octubre, Hugo Moyano había convocado exitosamente a la mayor movilización que se había logrado concitar hasta ese momento (River). Allí, ante los trabajadores que colmaban la cancha y en presencia de Néstor y Cristina Kirchner, expresó su esperanza de que alguna vez un trabajador ocupara la primera magistratura. Eran días más simples y el Secretario General de la CGT podía, sin temor a desestabilizar a nadie, hacer esas sugerencias.

Cristina Fernández le replicó que “ella se consideraba también una trabajadora”, lo cual bien podía ser cierto pero no era lo que Moyano había planteado. Y todos lo sabían: lo que estaba en cuestión era -algo que también se dijo ese día- si la CGT iba a seguir siendo “factor de presión” o se tornaría “factor de poder”.

La súbita muerte de Néstor Kirchner modificó el panorama. Apenas se conoció la noticia, la CGT lanzó su incondicional apoyo a la Presidenta. Pero el fallecimiento provocó un relámpago de inquietud en buena parte de la dirigencia kirchnerista, en especial la de planteos más radicalizados: ¿no quedaría ahora Cristina rehén de Moyano? La consigna “rodear a Cristina”, absolutamente válida ante las acechanzas oligárquicas, se cargó de un sutil matiz internista.

El diputado De Petris, por ejemplo, asumió su banca (reemplazó a Kirchner) planteando la necesidad de fortalecer el apoyo que Cristina debía recibir desde los “movimientos sociales”. Un encuentro con activa intervención del Movimiento Evita llamó a constituir una Corriente Nacional de Movimientos Sociales que hasta en el nombre disputa espacios con la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista que promueve la conducción de la CGT. Un reciente Congreso de agrupaciones kirchneristas, que entre muchas presencias ponderables representa con bastante claridad el arco nacionalista popular de izquierda peronista, acaba de declararse representado “directamente por Cristina Fernández de Kirchner”.

Ampliar la base de sustentación de Cristina Fernández, organizar la espontaneidad de las apoyaturas de la juventud, generar una nueva dirigencia y formar nuevos cuadros son todas tareas fundamentales. Nada de esto es criticable.Pero si la intención es recortar el poder de la CGT, la consecuencia será un debilitamiento del campo nacional. La lucha de clases ha puesto quinta velocidad y va por la autopista. De la pericia de los conductores dependerá que se llegue rápidamente al destino esperado, que es la victoria de Cristina Fernández en las presidenciales de 2011 y la democratización, profundización y radicalización del rumbo patriótico y popular iniciado en 2003.

(*) Artículo central del Periódico PATRIA Y PUEBLO nro 31, correspondiente al mes de Noviembre de 2010

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